El gobernador de Buenos Aires, Axel Kicillof, inició una gira desesperada por Córdoba para intentar reanimar una estructura política que la provincia ya enterró. El mandatario evitó el contacto con la realidad productiva local y se refugió en el gremio de Sanidad junto al cuestionado jerarca Héctor Daer. Esta visita confirma que el kirchnerismo solo puede caminar por el interior bajo la custodia de las cajas sindicales y la militancia paga.
La agenda del mandatario incluyó actos en La Falda y Cosquín, donde fue recibido por dirigentes marginales que aún responden al viejo modelo estatista. Kicillof utilizó su paso por el territorio cordobés para atacar el rumbo económico nacional que los ciudadanos de esta provincia apoyan masivamente. El dirigente parece ignorar que este distrito forjó su identidad mediante el mérito individual y el rechazo total al populismo empobrecedor.














