El crecimiento del girasol refleja el potencial del agro en un escenario de mayor apertura y demanda.
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La campaña 2025/26 empieza a consolidarse como un punto de inflexión para el girasol argentino. Con una producción que se ubica entre las más altas de las últimas décadas, el cultivo vuelve a ganar protagonismo y se posiciona como uno de los grandes motores del nuevo impulso exportador del país.
La producción alcanzaría 6,6 millones de toneladas, el volumen más alto en 27 años, con estimaciones que incluso la ubican por encima de los 7 millones. Detrás de estos números hay más superficie sembrada, mejores rindes y un contexto internacional que juega a favor de la Argentina.
La producción es tal que demanda la ampliación de la capacidad de molienda.
El salto fue generalizado en todas las regiones productoras, con niveles que no se veían desde hace décadas. Desde el norte hasta el sur, el girasol mostró una capacidad de respuesta que vuelve a poner en evidencia el potencial del agro cuando se combinan condiciones internacionales favorables y un escenario local que facilita la producción y la exportación.
En ese contexto, el concepto empieza a imponerse en toda la cadena: cosechas récord, con el girasol en niveles históricos y la molienda al máximo, en una campaña que ya se ubica en torno a las 6,6 millones de toneladas y que podría marcar un nuevo récord absoluto si supera los 7 millones.
Pero el dato más fuerte aparece en el frente externo. La demanda internacional, impulsada por Europa y Turquía, generó un salto significativo en las exportaciones de semilla. La caída productiva en la región del Mar Negro, especialmente en Ucrania, abrió una ventana que Argentina supo aprovechar
Los puertos del Gran Rosario ya se encuentran colmados de camiones.
El impacto se siente en toda la cadena logística. El Gran Rosario concentra la mayor parte del flujo y vuelve a posicionarse como el principal nodo exportador. A su vez, la industria aceitera acompaña el ritmo de la cosecha, operando con altos niveles de utilización.
El girasol, que durante años tuvo un rol secundario, vuelve a escena con fuerza propia. Su crecimiento refleja un cambio de escala en la producción y una mayor integración con los mercados internacionales. Este salto consolida al cultivo como una pieza clave en la generación de divisas y en el nuevo perfil exportador argentino.