En pocas horas, numerosos líderes demócratas comenzaron a exigir públicamente que suspendiera inmediatamente su candidatura. La velocidad con la que el respaldo desapareció reflejó tanto la gravedad de la denuncia como el temor de que el caso termine perjudicando las aspiraciones electorales del partido en uno de los estados considerados clave para intentar derrotar a la senadora republicana Susan Collins.
Entre quienes retiraron su apoyo se encontraba la senadora Elizabeth Warren, una de las figuras progresistas más influyentes del país y una de las principales impulsoras de Platner tras su victoria en las primarias demócratas de junio. Warren afirmó que ''no puede haber tolerancia para la agresión sexual'' y sostuvo que la mejor decisión era que Platner abandonara la candidatura para afrontar las acusaciones fuera del proceso electoral.

El congresista Ro Khanna, que incluso había viajado a Maine para hacer campaña junto al candidato semanas atrás, también revocó su respaldo y pidió que renunciara a la nominación. Lo mismo hicieron los senadores Martin Heinrich y Ruben Gallego, mientras que otras figuras del ala moderada, como Mark Kelly y Elissa Slotkin, reclamaron igualmente que pusiera fin a su campaña.
La reacción resulta especialmente llamativa porque muchos de esos dirigentes habían permanecido junto a Platner apenas semanas antes, cuando una exnovia del candidato, Lyndsey Fifield, lo acusó públicamente de haber ejercido abuso durante su relación. Platner rechazó aquellas denuncias calificándolas de falsas y de estar motivadas políticamente, argumentos que entonces fueron aceptados por buena parte de sus aliados.














