
Aunque estas reformas redujeron el número de compañías sujetas a las normas respecto de su diseño original, la administración Trump considera que todavía representan una carga considerable para las empresas estadounidenses.
Puzder sostuvo que el alcance extraterritorial de las directivas y las exigencias relacionadas con las cadenas de suministro podrían perjudicar la capacidad de las compañías estadounidenses para competir en igualdad de condiciones dentro del mercado europeo.
La preocupación también es compartida por grupos empresariales estadounidenses. La Asociación Nacional de Productores, que representa a unas 14.000 empresas de diferentes sectores, ha advertido que las obligaciones de diligencia debida podrían extenderse indirectamente a empresas más pequeñas, compañías privadas y negocios no europeos que formen parte de las cadenas de suministro de grandes corporaciones.
El grupo sostiene además que los fabricantes estadounidenses ya enfrentan costos superiores a los 350.000 millones de dólares anuales para cumplir con las regulaciones nacionales, por lo que nuevas obligaciones europeas podrían incrementar aún más la carga sobre las compañías que buscan competir internacionalmente.
















