El Gobierno de Donald Trump aprobó un desembolso por 9.000 millones de dólares destinado a la adquisición de chips informáticos de última generación, con el objetivo de fortalecer las capacidades de inteligencia artificial utilizadas por las agencias de seguridad de Estados Unidos.
La decisión refleja la creciente presión que enfrenta el aparato de inteligencia ante la escasez global de componentes clave.
El objetivo principal de esta inversión es permitir que las agencias puedan aprovechar plenamente los modelos más avanzados de inteligencia artificial, cuya demanda de potencia informática ha superado ampliamente las previsiones realizadas incluso en los últimos dos años.
Esta situación ha encendido alarmas tanto en la Casa Blanca como en el Congreso, debido a que la falta de chips está ralentizando el desarrollo, prueba y despliegue de herramientas críticas para operaciones de espionaje altamente clasificadas.












