
Uno de los aspectos más relevantes aparece en los puntos cuatro y cinco. Estados Unidos comenzará a desmontar gradualmente el bloqueo naval impuesto durante el conflicto y reducirá su presencia militar cerca de Irán una vez que se alcance el acuerdo final. A cambio, Teherán garantizará el tránsito seguro de embarcaciones comerciales a través del Golfo Pérsico y el estratégico Estrecho de Ormuz, una ruta clave para el comercio energético mundial.
La reapertura de esta vía marítima es considerada una de las mayores ventajas inmediatas del acuerdo. La incertidumbre sobre el tráfico petrolero había generado fuertes tensiones en los mercados internacionales durante las últimas semanas. Tras anunciarse el entendimiento, los precios del petróleo comenzaron a descender significativamente, reflejando la expectativa de una mayor estabilidad regional.
Uno de los puntos más debatidos es el sexto artículo, relacionado con la reconstrucción económica iraní. El texto prevé el desarrollo de un plan de al menos 300.000 millones de dólares destinado al crecimiento económico del país persa. Sin embargo, la administración Trump ha insistido en que esos recursos no provendrán directamente de los contribuyentes estadounidenses. Según la Casa Blanca, se trata de inversiones que involucrarían a socios regionales y actores privados dentro de un esquema que aún deberá definirse durante las negociaciones finales.














