La publicación de nuevos informes sobre las redes de explotación sexual infantil encubiertas por los Gobiernos del Reino Unido volvió a poner bajo la lupa uno de los casos más estremecedores y oscuros de la historia reciente británica: la desaparición de Charlene Downes, una adolescente de 14 años que fue vista por última vez en Blackpool el 1 de noviembre de 2003.
Charlene desapareció en una zona céntrica de la ciudad costera, un área atravesada por locales de comida rápida, vida nocturna, pobreza estructural y una creciente presencia de redes pakistaníes de abuso sexual. Durante años, su familia denunció que la adolescente había sido victima de las mismas, pero las autoridades tardaron en tratar el caso con la gravedad que merecía: no querían estigmatizar a la población musulmana.












