El líder de Corea del Norte, Kim Jong-un, reconoció públicamente que su régimen exige a los soldados desplegados en la guerra en Ucrania suicidarse antes de caer prisioneros, una revelación que expone la dureza del control estatal sobre sus fuerzas armadas.
La confirmación se dio durante un acto oficial en Pyongyang, donde Kim homenajeó a los militares enviados a combatir junto a Rusia y calificó como “héroes” a aquellos que optaron por quitarse la vida en lugar de ser capturados por las fuerzas ucranianas.
Se trata de la primera vez que el propio régimen reconoce abiertamente una práctica que hasta ahora había sido denunciada por servicios de inteligencia y organizaciones internacionales. Informes previos ya advertían que los soldados norcoreanos recibían instrucciones explícitas para evitar la captura a cualquier costo, incluso mediante la autodestrucción.

La participación de Corea del Norte en la guerra se intensificó tras el acuerdo militar con Rusia en 2024. Desde entonces, miles de efectivos fueron desplegados en zonas de combate como la región de Kursk, donde se registraron fuertes enfrentamientos. Se estima que más de 6.000 soldados norcoreanos murieron o resultaron heridos, lo que refleja el alto costo humano de su intervención.
El reconocimiento de esta política plantea serias preocupaciones en materia de derechos humanos. La exigencia de suicidarse antes de ser capturado no solo elimina cualquier margen de decisión individual, sino que evidencia el nivel de presión y adoctrinamiento al que están sometidos los soldados.









