El régimen de Miguel Diaz-Canel fue acusado de mantener un modelo sistemático de persecución y tortura
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Un grupo de relatores especiales de la ONU denunció que en la dictadura de Miguel Diaz-Canel en Cuba se aplica un modelo sistemático de persecución contra opositores que se resume en una disyuntiva extrema: cárcel o exilio.
La acusación, plasmada en una comunicación oficial enviada a La Habana, describe un patrón sostenido de violaciones a los derechos fundamentales que refuerza las críticas hacia el sistema político vigente.
Fuerzas de seguridad del régimen cubano reprimiendo a un manifestante
Expertos del organismo internacional advirtieron sobre el uso reiterado de detenciones arbitrarias, desapariciones forzadas y torturas como herramientas para silenciar a activistas y defensores de derechos humanos.
La estrategia no responde a hechos aislados sino a una lógica estructural orientada a neutralizar cualquier forma de disidencia hacia la dictadura.
El concepto de “prisión o exilio” sintetiza este mecanismo: quienes desafían al régimen enfrentan la posibilidad de ser encarcelados o, en su defecto, forzados a abandonar el país.
Esta práctica, denunciada en reiteradas ocasiones por organizaciones internacionales, implica en la práctica una expulsión encubierta que debilita a la oposición interna y reduce el margen de crítica dentro de la isla.
Policías de Cuba patrullando una calle
El contexto en el que surge esta denuncia no es menor, Cuba atraviesa una creciente crisis económica y social, marcada por apagones, escasez y manifestaciones contra el dictador Díaz-Canel, lo que ha llevado a un aumento de la presión sobre el aparato estatal. En ese escenario, la respuesta oficial ha sido reforzar los mecanismos de control, en lugar de avanzar hacia una apertura política.
Diversos informes previos ya habían advertido sobre una “persecución sistemática” contra quienes reclaman libertades civiles y cambios democráticos, con niveles elevados de detenciones y hostigamiento.
El señalamiento de la ONU vuelve a colocar a Cuba en el centro del debate internacional sobre derechos humanos. Sin embargo, también expone la falta de consecuencias concretas frente a estas denuncias, lo que alimenta la percepción de impunidad.
En definitiva, el informe no solo describe una situación crítica, sino que plantea un interrogante de fondo: hasta qué punto la comunidad internacional está dispuesta a pasar de las advertencias a la acción frente a un régimen que ha hecho de la represión una política de Estado.