Las tensiones en el Golfo Pérsico se intensificaron este sábado después de que un funcionario de la misión naval europea Aspides revelara que embarcaciones que navegaban por el Estrecho de Ormuz recibieron transmisiones por radio VHF atribuidas a la Guardia Revolucionaria iraní en las que se advertía que ‘’ningún barco puede cruzar el estrecho’’. Aunque Teherán no confirmó oficialmente la orden, el mensaje encendió alarmas en una de las rutas marítimas más estratégicas del planeta.
El incidente se produce en el contexto de una fuerte escalada regional tras la operación militar conjunta de Estados Unidos e Israel contra objetivos estratégicos en territorio iraní. Si bien Irán ha amenazado en reiteradas ocasiones con bloquear el estrecho en respuesta a presiones o ataques, hasta ahora nunca ha ejecutado un cierre total de la vía.
El Estrecho de Ormuz conecta el Golfo Pérsico con el Golfo de Omán y el océano Índico, separando a Irán de la península omaní de Musandam. Su estrechez, unos 50 kilómetros en su punto más angosto, y su limitada profundidad lo convierten en un cuello de botella vulnerable desde el punto de vista militar.
Además, está rodeado de islas estratégicas bajo control iraní, como Hormuz, Qeshm y Larak, así como territorios disputados como Abu Musa y las islas Tunb, lo que otorga a Teherán una posición dominante sobre la zona.
Según la U.S. Energy Information Administration (EIA), aproximadamente una quinta parte del consumo mundial de petróleo y derivados, unos 20 millones de barriles diarios en 2024, transita por este paso marítimo.
Asimismo, cerca del 20 % del comercio global de gas natural licuado cruza el estrecho, en gran parte procedente de Qatar. Más del 80 % de estos flujos energéticos tienen como destino los mercados asiáticos.
La EIA advierte que existen pocas alternativas viables si el estrecho quedara bloqueado. Aunque Arabia Saudita y Emiratos Árabes Unidos cuentan con infraestructuras que permiten desviar parte del crudo por rutas terrestres o marítimas alternativas, su capacidad conjunta apenas alcanza 2,6 millones de barriles diarios, una fracción del volumen total que circula por Ormuz.
Las advertencias recientes han sido interpretadas como un intento de presión estratégica por parte de Irán. La Guardia Revolucionaria, que controla las operaciones navales iraníes en el Golfo, ha protagonizado múltiples incidentes en la zona en los últimos años.
Desde 2018, cuando Estados Unidos se retiró del acuerdo nuclear e impuso nuevas sanciones a Teherán, se han registrado ataques a petroleros, incautaciones de buques y episodios de acoso a embarcaciones comerciales y militares.
En 2019, sabotajes contra barcos en el Golfo, el derribo de un dron estadounidense y la captura de petroleros elevaron el riesgo de confrontación directa. En 2021, un ataque contra un buque operado por una empresa vinculada a un empresario israelí dejó dos muertos; varios gobiernos occidentales responsabilizaron a Irán, que negó su implicación.
En 2024, la Guardia Revolucionaria incautó el portacontenedores MSC Aries alegando vínculos con Israel. Más recientemente, este año, lanchas iraníes se aproximaron a un petrolero con bandera estadounidense antes de que continuara su travesía.
El historial de incidentes en Ormuz se remonta incluso a la guerra Irán-Irak, cuando la denominada ‘’guerra de los petroleros’’ dejó cientos de embarcaciones dañadas o destruidas. Ese antecedente histórico alimenta ahora la preocupación internacional ante cualquier señal de posible bloqueo.
Por el momento, no se ha confirmado un cierre formal del estrecho. Sin embargo, las advertencias transmitidas a buques comerciales han incrementado la incertidumbre en los mercados energéticos y han reforzado el temor a que la escalada militar actual tenga repercusiones económicas globales.