Los ciudadanos de Islandia acudirán este sábado a las urnas para decidir si el país debe reabrir las negociaciones para una eventual incorporación a la Unión Europea (UE), en un referéndum marcado por una fuerte división entre los votantes y por debates sobre el costo de vida, las tasas de interés, la seguridad nacional y el control de las aguas pesqueras.
La contienda llega sin un claro favorito. Una encuesta publicada el viernes mostró una ligera mayoría contraria a reabrir las conversaciones con Bruselas, revirtiendo parcialmente la ventaja que habían registrado anteriormente los partidarios del ''sí''. Con una diferencia estrecha, el resultado permanece abierto y podría depender de los últimos días de campaña.
Los defensores del ''sí'' sostienen que acercarse a la UE podría contribuir a aliviar algunos de los problemas económicos de Islandia, particularmente sus elevadas tasas de interés. También consideran que una mayor integración europea reforzaría la seguridad del país en un escenario internacional cada vez más inestable debido a la guerra en Ucrania y a las tensiones en el Ártico, incluida la insistencia del presidente estadounidense Donald Trump en torno a Groenlandia.
Los opositores, en cambio, argumentan que la pertenencia al bloque supondría ceder parte de la soberanía nacional y podría poner en riesgo el control islandés sobre uno de sus recursos económicos más importantes: la pesca.
Islandia habilitará una consulta popular para determinar si el país debe volver a solicitar su entrada a la Unión Europea
El debate no es nuevo. Islandia solicitó ingresar a la UE en 2009, durante una profunda crisis financiera que golpeó con especial fuerza a su pequeña economía. Las negociaciones avanzaron durante algunos años, pero en 2013 un gobierno euroescéptico decidió suspender el proceso. Desde entonces, la cuestión ha permanecido abierta y ha reaparecido con fuerza ante el deterioro del panorama geopolítico.
La ministra de Relaciones Exteriores, Thorgerdur Gunnarsdottir, partidaria del ''sí'', ha planteado que Islandia debe reconsiderar su posición en un mundo donde las estructuras internacionales que durante décadas garantizaron su seguridad y prosperidad están sometidas a una creciente presión. Según esta visión, para un país pequeño resulta cada vez más importante definir con claridad sus alianzas.
Sin embargo, la discusión electoral se ha concentrado principalmente en la economía. Islandia enfrenta una inflación persistente y tasas de interés elevadas que han encarecido considerablemente las hipotecas. La tasa de referencia del banco central islandés se ubica actualmente en 8%, frente al 2,25% del Banco Central Europeo.
La ministra de Relaciones Exteriores de Islandia ha defendido la integración de Islandia a la Unión Europea
Los partidarios de la integración consideran que la pertenencia a la UE y, eventualmente, la adopción del euro podrían contribuir a estabilizar la economía y reducir los costos financieros. Economistas favorables a la iniciativa reconocen que la integración no resolvería por sí sola los problemas estructurales del país, pero podría funcionar como un catalizador para una economía más saludable.
La oposición rechaza esa interpretación y sostiene que Bruselas no puede solucionar los problemas internos de Islandia. Para los detractores del ingreso, las dificultades económicas deben ser abordadas por los propios políticos islandeses y no mediante una transferencia de competencias a la UE.
La pesca constituye otro de los principales puntos de conflicto. Las normas europeas establecen criterios para distribuir las cuotas pesqueras, mientras que los defensores de la permanencia fuera del bloque temen perder el control sobre las aguas nacionales. Quienes apoyan las negociaciones consideran que Islandia podría conservar una posición favorable debido a que otros países de la UE prácticamente no han pescado en sus aguas durante décadas.
El referéndum, además, no decidirá directamente el ingreso a la Unión Europea. Un triunfo del “sí” únicamente autorizaría al gobierno a reabrir las negociaciones con Bruselas. Posteriormente, probablemente varios años después, los islandeses tendrían que votar nuevamente para decidir si aceptan convertirse efectivamente en miembros del bloque.
Uno de los requisitos de la Unión Europea es la administración de las cuotas pesqueras dentro del proceso de integración
Según un documento del Ministerio de Relaciones Exteriores, las conversaciones podrían comenzar hacia finales de 2026 y durar entre 18 y 24 meses si los ciudadanos respaldan su reapertura. El calendario también estará condicionado por las próximas elecciones generales, que deberán celebrarse a más tardar en noviembre de 2028.
Los centros de votación abrirán a las 9 de la mañana y cerrarán a las 10 de la noche en todo el país, cuya población ronda los 400.000 habitantes. El resultado determinará si Islandia da un nuevo paso hacia la integración europea o mantiene, por ahora, su tradicional distancia del bloque.