Keir Starmer enfrenta una fuerte crisis interna mientras crecen las versiones sobre su posible salida de Downing Street.
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El primer ministro británico, Keir Starmer, estaría evaluando abandonar el poder y preparar una transición ordenada dentro del Partido Laborista, según revelaron este sábado diversos medios británicos. Las versiones surgieron en medio de una creciente crisis política interna que debilita cada vez más su liderazgo y alimenta la disputa por la sucesión en Downing Street.
De acuerdo con fuentes cercanas al gobierno, Starmer habría reconocido ante aliados y miembros de su gabinete que la situación política actual se volvió ''insostenible'' y que planea establecer un calendario para dejar el cargo ''de manera digna'' y bajo sus propios términos.
La información representa un fuerte contraste con las declaraciones realizadas por el propio líder laborista apenas días atrás. En una entrevista publicada el 10 de mayo por el medio ''Sunday Mirror'', Starmer aseguró que continuaría al frente del gobierno durante todo el mandato y sostuvo que encabezaría un ''proceso de renovación nacional'' a largo plazo para revertir lo que describió como ''un legado económico desastroso''.
Starmer habría comunicado ha sus allegados y sus ministros restantes que planea abandonar el cargo a la brevedad
Sin embargo, en las últimas semanas aumentaron las tensiones dentro del Partido Laborista y crecieron las críticas hacia la conducción del primer ministro. Uno de los golpes más duros para Starmer fue la renuncia de Wes Streeting como secretario de Salud. Streeting confirmó además que buscará competir por el liderazgo laborista y aspira a convertirse en primer ministro, profundizando así la disputa interna.
Otro dirigente que aparece como potencial sucesor es Andy Burnham, actual alcalde del Gran Manchester y figura de peso dentro del laborismo. Burnham busca regresar al Parlamento mediante una elección parcial en el distrito de Makerfield, paso necesario para lanzar formalmente una candidatura al liderazgo nacional.
El escenario abrió una fuerte puja dentro del partido gobernante. Mientras algunos sectores consideran que Starmer todavía podría mantenerse en el cargo si la competencia interna se fragmenta, otros creen que su liderazgo ya quedó seriamente debilitado tras meses de dificultades políticas y una fuerte caída de apoyo público.
Según trascendió, el ex jefe de gabinete de Starmer, Morgan McSweeney, le habría recomendado resistir y no anunciar una salida inmediata. McSweeney considera que el primer ministro aún tendría margen para sobrevivir políticamente si sus posibles rivales no logran consolidarse o si Burnham fracasa en su intento de regresar a Westminster.
La sorpresiva renuncia de Wes Streeting al gabinete fue uno de los puntos más notables de la crisis que enfrenta el gobierno laborista
Pese a esos esfuerzos, el clima interno sigue deteriorándose. El lunes pasado, Starmer intentó recuperar la iniciativa con un discurso en el que prometió que el Partido Laborista ''hará las cosas mejor''. Sin embargo, el mensaje no logró frenar el creciente malestar dentro de sectores del oficialismo.
La crisis se agravó aún más tras la salida del diputado Josh Simons, quien abandonó su escaño en Makerfield y declaró públicamente que Starmer ''ha perdido al país'' y debería facilitar una transición ordenada hacia un nuevo liderazgo. La vacante abrió una elección parcial que ahora se convirtió en un nuevo foco de tensión política.
Aunque Makerfield ha sido históricamente un distrito seguro para el laborismo, dirigentes del partido temen una fuerte competencia por parte de Nigel Farage y Reform UK, formación de derecha que busca capitalizar el desgaste tanto de conservadores como laboristas.
El candidato de derecha Nigel Farage, busca aprovechar el debilitamiento del gobernador laborista en regiones clave del Reino Unido
Analistas británicos consideran que una eventual confirmación de la salida de Starmer podría provocar una reconfiguración completa del escenario político nacional.
Mientras continúan las especulaciones, el gobierno británico enfrenta uno de los momentos más delicados desde la llegada del laborismo al poder, con crecientes divisiones internas y una incertidumbre política que amenaza con debilitar aún más la estabilidad del Ejecutivo.