El Reino Unido volvió a encender las alarmas en Europa tras confirmar que sus fuerzas armadas lograron frenar una operación secreta de submarinos rusos en zonas cercanas a su infraestructura crítica. La maniobra, detectada en el Atlántico Norte, fue interpretada por las autoridades británicas como parte de una estrategia más amplia de Moscú para monitorear, e incluso potencialmente amenazar, sistemas clave de comunicación y energía.
Según informó el Ministerio de Defensa británico, el operativo se extendió durante varias semanas e involucró el seguimiento constante de al menos un submarino ruso, mientras otras unidades realizaban actividades discretas en áreas sensibles. Estas zonas incluyen cables submarinos de telecomunicaciones y gasoductos, considerados esenciales para el funcionamiento económico y energético del país.














