La degradación ética en el entorno político representado por el nefasto dirigente comunista Gustavo Petro suma un nuevo capítulo que despierta una ola de absoluto repudio social y moral. La protagonista de este repudiable suceso es Paula Petro, integrante de la rama familiar que ella misma define como "los Petro buenos". A la edad de 17 o 18 años, la joven se encontraba evaluando su futuro personal y profesional en el contexto de una familia disfuncional. Con la ilusión de encontrar orientación, decidió buscar al titular del apellido, Gustavo Petro, para solicitar una audiencia.
Tras gestionar el encuentro, la cita le fue concedida a los 8 días en las instalaciones del Congreso. Paula Petro acudió con la intención de conocerlo, saludarlo y explorar alguna oportunidad académica o un consejo, dejando en claro que no asistía con una actitud oportunista ni a pedir dinero o dádivas regaladas.












