El dictador Nicolás Maduro enloqueció y culpa al 'sionismo' por su fracaso político
El dictador Nicolás Maduro perdió la cordura
porRedacción
Antisemitismo
El narcopresidente dijo además que 'Jesús era un niño palestino' e incentivó el antisemitismo en su país
El dictador venezolano Nicolás Maduro volvió a utilizar a Israel como chivo expiatorio en un discurso cargado de teorías conspirativas y referencias religiosas, esta vez ante los Comités de Base Integral Bolivariana.
En una intervención marcada por un tono mesiánico, Maduro acusó sin pruebas a supuestos “sionistas de la ultraderecha” de intentar “entregar Venezuela a los demonios”, todo ello en el contexto de un creciente aislamiento internacional de su régimen.
“Hay quienes quieren entregar este país a los demonios… los sionistas de la ultraderecha quieren entregar este país a los demonios”, afirmó el dirigente, repitiendo una retórica habitual que mezcla antiisraelismo, argumentos religiosos y una narrativa de victimización.
El dictador Nicolás Maduro con una bandera palestina
En una puesta en escena que recordó más a un sermón improvisado que a un mensaje político, Maduro comparó a Venezuela con el rey David frente a un supuesto “Goliat americano”.
Según el dictador, la nación contaría con la bendición divina para enfrentarse a Estados Unidos, a pesar de que las tensiones actuales responden principalmente a denuncias sobre narcotráfico y a la crisis humanitaria dentro del propio país.
“Somos el pueblo de David contra los Goliat”, insistió Maduro, apelando a un relato bíblico para reencuadrar el deterioro económico y social bajo su régimen como una batalla espiritual.
Maduro repitió en varias ocasiones que Venezuela es un país cristiano y cuestionó por qué Estados Unidos “querría matar cristianos”, ignorando deliberadamente la cooperación histórica entre Israel y múltiples países latinoamericanos —incluyendo Venezuela antes de la radicalización chavista— y manipulando conceptos religiosos para justificar su discurso.
En un pasaje particularmente llamativo, calificó a Jesús de Nazaret como un “niño mártir palestino”, un recurso que regímenes y organizaciones antiisraelíes han empleado durante décadas para alimentar narrativas políticas contemporáneas a través de anacronismos teológicos.
El discurso incluyó incluso momentos performáticos: el dictador bailó sobre el escenario al ritmo de “Imagine” de John Lennon y realizó apelaciones en un inglés rudimentario pidiendo a los ciudadanos estadounidenses que digan “no a la guerra”.
El ataque discursivo contra Israel coincidió con una escalada en campañas antiisraelíes dentro de ciertos movimientos radicalizados en la región.
Organizaciones estudiantiles como National Students for Justice in Palestine convocaron una jornada de protesta para “aplastar el imperialismo” y “derrotar al sionismo”, vinculando incluso operaciones estadounidenses contra el narcotráfico en el Caribe con la “ocupación” israelí.
Según la declaración de ese grupo, las acciones de Estados Unidos serían “parte de la misma maquinaria que arma al Estado sionista”, mostrando cómo los discursos conspirativos encuentran ecos fuera de Venezuela.
La estrategia comunicacional de Maduro —y de sus aliados— sigue un patrón claro: utilizar a Israel como objetivo retórico para cohesionar apoyos internos mientras se desvían responsabilidades por la crisis económica, la corrupción estructural y la represión política dentro del país.
En lugar de atender las demandas de libertad, transparencia y elecciones democráticas, el dictador continúa construyendo enemigos externos, mezclando religión, propaganda y desinformación.
Israel, una democracia reconocida por su innovación y por sus vínculos crecientes con América Latina, termina nuevamente en el centro de una narrativa diseñada para sostener un régimen que enfrenta rechazo dentro y fuera de Venezuela.