Hasta hace poco, los fondos de riesgo evitaban las startups de defensa. Las veían como inversiones moralmente controvertidas y el camino hacia contratos gubernamentales resultaba demasiado largo e incierto. Esa mirada cambió de golpe cuando los conflictos en Ucrania e Irán empezaron a vaciar las reservas de misiles del ejército de Estados Unidos. Hoy, las compañías que demuestran que pueden fabricar equipo rápido y a bajo costo tienen chances reales de conseguir un contrato del Pentágono en plazos acelerados.
Cuatro años después del auge de la tecnología de defensa que arrancó con la invasión rusa a Ucrania, la histórica firma de Silicon Valley Benchmark hizo su primera apuesta en una startup puramente de defensa. Lideró una ronda semilla de 25 millones de dólares en Furientis, una empresa cuyo objetivo es producir en masa interceptores de misiles. La compañía, que recién cumple un año y cuyo nombre significa “de la furia” en latín, ya tiene un contrato financiado del Pentágono para construir interceptores de alcance medio. Según una fuente familiarizada con la operación, la startup fue valuada en 125 millones de dólares.













