Argentina cerró 2025 en un lugar que durante años parecía prohibido: el centro de la escena global. No por declarar un default de deuda, no por escándalos ni por crisis. Por resultados. Por liderazgo. Por haber roto, al fin, el hechizo de la decadencia administrada.
El último ejemplo fue la elección, por parte de los lectores del prestigioso medio Ingles “The Daily Telegraph”, de Javier Milei como uno de los líderes mundiales del año, junto a Giorgia Meloni y Donald Trump. Antes lo habían señalado The Economist y MoneyWeek. No es casualidad: el mundo empieza a mirar a la Argentina como un laboratorio de sentido común después de décadas de delirio estatista.
Y mientras afuera se reconoce el giro histórico, adentro la vieja política intenta negar la realidad. Por eso incomoda tanto Milei. Porque no sólo ordenó la macro, bajó la inflación y logró superávit. También desarmó un sistema de privilegios que vivía del desorden.
Un caso emblemático de esa resistencia es el periodismo militante, acostumbrado a vivir del sobre y no de la credibilidad. La pauta oficial cero, por tercer año consecutivo, es una decisión que marca con nitidez el cambio de época. La libertad de expresión no puede alquilarse ni depender de la chequera del Estado. Sin pauta, se terminó el periodismo financiado por el contribuyente para sostener relatos partidarios. Quedó el que informa, el que opina con honestidad intelectual y el que se anima a competir sin tutela ni privilegios.
Esa misma lógica de privilegios que se resiste a desaparecer en los medios también persiste en la política. Por eso Axel Kicillof insiste para 2026 con la reelección indefinida de intendentes bonaerenses. No hablan de gestión ni de resultados: hablan de eternizarse. Es el ADN del kirchnerismo. Perpetuarse, colonizar instituciones, confundir poder con propiedad.
Es el mismo esquema que explica uno de los escándalos más obscenos de la era K: el negocio del cepo. Mientras jugadores y cuerpo técnico dejaban el alma para ganar el Mundial de Qatar, un socio de Sergio Massa habría cobrado premios en dólares y pagado al tipo de cambio oficial. La brecha del dólar era una máquina de robar. El relato hablaba de “patria”, pero el botín siempre quedaba en las mismas manos.
Pero gracias a la decisión de un gobierno de liberar a nuestro país del socialismo, la Argentina real empezó a moverse. En 2025 se abrieron 162 mercados internacionales para productos agroindustriales. Entre enero y noviembre se exportaron 105 millones de toneladas por más de 47.000 millones de dólares, un 12% más interanual. Las exportaciones totales de bienes rondarán los 86.500 millones, el segundo mejor registro histórico. No es magia: es dejar producir, dejar vender, dejar competir.
Los indicadores internos también ratifican el cambio de rumbo. En noviembre, la actividad económica volvió a crecer por segundo mes consecutivo. A la par, se vendieron más de 612.000 autos 0KM, casi 48% más que en 2024 y el mejor registro desde 2018. El plan de sabotaje K fracasó. La economía reaccionó apenas el Estado dejó de asfixiarla y le sacaron el pie de encima a los que producen.
Incluso el turismo desmintió a los profetas del caos. La Costa argentina alcanzó ocupaciones de hasta el 90%. La mejor temporada en al menos 25 años, con argentinos viajando dentro y fuera del país. Porque cuando hay estabilidad, la gente planifica, consume y disfruta.
En definitiva, cuando el Estado deja de robar, mentir y apretar, la Argentina funciona. Por eso Milei incomoda. Porque demostró que el fracaso no era inevitable. Feliz año para los que producen, trabajan y eligen la libertad. A los otros, los del caos permanente, el 2026 los va a encontrar cada vez más solos.