El pasado miércoles 23 de septiembre, el presidente Javier Milei se dirigió por tercera vez a la Asamblea General de las Naciones Unidas.
En su discurso, definió a Malvinas como "una causa nacional", describió al organismo como "una organización inútil" y, sobre todo, anunció algo que ningún presidente argentino había planteado en el foro: las empresas que exploten hidrocarburos en las islas no tendrán lugar en Vaca Muerta.
El anuncio del mandatario argentino no llegó en soledad. Un día antes, el presidente Donald Trump había reafirmado ante la misma Asamblea que Estados Unidos no tolerará amenazas "en ninguna parte del hemisferio occidental", y anunció la construcción de dos bases militares en Groenlandia.
El presidente Javier Milei.
Asimismo, al día siguiente, Benjamin Netanyahu reivindicó ante la Asamblea la campaña contra el programa nuclear iraní, en una sala que se vació antes de que empezara a hablar. Milei, por su parte, recordó que la Argentina declaró organización terrorista a la Guardia Revolucionaria Iraní y sigue reclamando justicia por los atentados de 1992 у 1994.
En este escenario, resulta pertinente analizar el giro instrumental del reclamo argentino sobre Malvinas, el marco hemisférico que lo vuelve viable y el alineamiento occidental sobre el que la Argentina decidió apoyarse.
Malvinas: el reclamo con consecuencias
El punto de partida del reclamo argentino fue institucional antes que histórico. La resolución 31/49, de 1976, insta a las partes a abstenerse de introducir modificaciones unilaterales mientras la disputa siga abierta.
La medida cumplió cincuenta años y las modificaciones continuaron: el proyecto Sea Lion avanza hacia la extracción de petróleo en la Cuenca Malvinas Norte- sobre plataforma continental argentina-con licencias británicas.
A raíz de esta situación, Milei sentenció: "una institución que no logra que su palabra pese sobre los hechos pierde lo más importante: pierde su autoridad".
El presidente Javier Milei.
Cabe remarcar que la respuesta cambió de naturaleza. El Gobierno sancionó a las empresas que operan en las islas, extendió esas sanciones a proveedores y directivos y envió al Congreso una Ley de Defensa de la Soberanía Nacional.
"Durante demasiado tiempo, los gobiernos argentinos optaron por una defensa discursiva. Nosotros elegimos una defensa pacífica, práctica y efectiva", sostuvo.
Pero el pasaje decisivo no fue para la Asamblea sino para el mercado energético: "Vengan. Inviertan. Desarróllenla. Háganlo con nosotros. Pero esta invitación tiene un límite. No seremos indiferentes frente a quienes exploten recursos bajo ocupación externa ilegal".
Es evidente que la Argentina convirtió su principal activo energético en instrumento de disuasión: a una petrolera se le ofrece la formación no convencional más prometedora del hemisferio y se le pide que elija: explotación ilegal o Vaca Muerta.
Vaca Muerta.
De Groenlandia a Tierra del Fuego
Por su parte, uno de los ejes más importantes del discurso de Trump fue la Doctrina Monroe. Es importante comprender que el gobierno de los Estados Unidos no está invocando la doctrina, sino que está ejerciéndola.
"Nuestras acciones en Venezuela son prueba de que Estados Unidos ya no permitirá que las amenazas contra el país echen raíces en ninguna parte del hemisferio occidental y, de ser necesario, utilizaremos nuestro inigualable poderío militar", declaró.
Además, sostuvo que el régimen cubano está bajo la mayor presión que soportó jamás y lo definió como "un Estado absolutamente fallido", mientras señaló a México como epicentro de la violencia de los cárteles, con el reclamo de que recupere el control de su territorio.
No obstante, el Presidente Trump anunció la construcción de dos grandes bases militares en Groenlandia, en el marco de un acuerdo con Dinamarca firmado ese mismo martes, consolidando asíel control estadounidense del Ártico y de las rutas emergentes.
Donald Trump.
Si la arquitectura hemisférica americana se extiende desde Groenlandia hasta Tierra del Fuego, la presencia británica en el Atlántico Sur sería considerada una anomalía extracontinental, fortaleciendo el reclamo soberano argentino sobre las Islas Malvinas.
En la misma línea, el ministro de Seguridad Nacional israelí, Ben-Gvir, exigió a Netanyahu que ordene el cierre del consulado británico en Jerusalem Este, medida que fue oficializada por el canciller Gideon Sa'ar horas después. El ministro ya se había pronunciado a favor de que Israel reconozca la soberanía argentina sobre las Islas Malvinas, una posición que lo enfrenta directamente con el Reino Unido.
Como se ve a lo largo de la historia argentina, el Reino Unido trabajó siempre para impedir que Buenos Aires y Washington coincidieran en el Atlántico Sur. Ya en 1823, John Quincy Adams advirtió que la declaración conjunta que ofrecía el canciller británico, George Canning, contra la Santa Alianza, buscaba limitar la proyección estadounidense sobre América.
Javier Milei, Donald Trump y Andy Burnham.
Firma del Corredor Andes-Atlántico
Ese mismo miércoles, horas después del discurso, la Argentina y Estados Unidos firmaron en Nueva York el Corredor Andes-Atlántico, un acuerdo que contempla financiamiento estadounidense por hasta 7.000 millones de dólares hacia 2027 para conectar los minerales críticos del noroeste y la producción de Vaca Muerta con los puertos del Atlántico.
Según el Departamento de Estado, es el primer corredor de la Asociación del G7 para la Infraestructura y la Inversión Global en el hemisferio occidental.
Es evidente que ambos movimientos responden a una misma lógica: por la mañana, Milei advirtió a las petroleras que operar en Malvinas les cierra la puerta de Vaca Muerta; por la tarde, Washington comprometió los fondos para sacar esa producción al mar. La advertencia deja de ser retórica cuando el recurso que se ofrece a cambio cuenta con respaldo estadounidense.
Conclusión
La Asamblea confirmó lo que medio siglo de resoluciones ya había dejado en evidencia: el reclamo argentino cuenta con respaldo jurídico pero carece de un organismo dispuesto a hacerlo valer.
Lo que cambió esta vez no fue el reclamo, sino la herramienta. Las sanciones y el condicionamiento del acceso a Vaca Muerta desplazaron la discusión desde el terreno de las votaciones al de los costos concretos.
Para la Argentina, el escenario abre una oportunidad concreta. Energía, alimentos, minerales críticos, el Atlántico Sur y la puerta natural hacia la Antártida no son un inventario de recursos sino de instrumentos. Lo que durante décadas faltó fue lo que Milei señaló como condición: la voluntad de transformar esas posibilidades en poder nacional.
A la luz de este escenario, cabe preguntarse si un reclamo con consecuencias económicas logrará lo que cincuenta años de resoluciones no consiguieron. La respuesta no dependerá como ha sido siempre de la Asamblea General de la ONU, sino de que la Argentina tenga algo que el mundo necesite lo suficiente como para elegir entre eso y Malvinas.