Sin embargo, la veracidad de este descargo choca de frente con información proveniente de Estados Unidos que confirma que el FBI demoró a Chiqui Tapia en Nueva York y le incautó sus celulares antes del regreso de la Selección. El hecho habría ocurrido en el aeropuerto internacional John F. Kennedy (JFK), minutos antes de abordar el vuelo charter AR 1971 operado por Aerolíneas Argentinas con destino a Buenos Aires.
Según estos reportes, las autoridades estadounidenses no solo demoraron a Tapia, sino que le solicitaron la “entrega de sus teléfonos celulares y otros dispositivos electrónicos”, medida que se extendió a computadoras y teléfonos de otros integrantes de la comitiva. El operativo fue de tal magnitud que generó demoras en la salida del avión, reprogramando el despegue de las 6:00 a las 8:15.
La investigación de la Justicia de Estados Unidos pondría el foco en posibles maniobras de lavado de activos y fraude bancario vinculadas al movimiento de 300 millones de dólares mediante el sistema financiero estadounidense. En el centro de la escena aparece la firma Tourprodenter, administrada por Javier Faroni, que actúa como agente comercial de la AFA para acuerdos de patrocinio y derechos de televisión. Los documentos judiciales indicarían que Tapia deberá presentarse a declarar ante la Corte del distrito sur de Florida para aportar información sobre comunicaciones mantenidas con Pablo Toviggino, Diego Lucero y Javier Faroni.
Esta actitud defensiva de la AFA ocurre mientras el sentimiento de despojo por la final sigue a flor de piel. Las estadísticas del partido contra España respaldan la teoría de un arbitraje condicionado: España cometió 16 infracciones (o 19 según registros de Carrozza) y finalizó con cero tarjetas amarillas, mientras que Argentina fue castigada con 5 amarillas y la expulsión de Enzo Fernández.
El hecho de que el árbitro fuera Slavko Vinčić, un juez con un oscuro pasado tras ser detenido en 2020 en una redada de “prostitución, drogas y armas”, solo profundiza la desconfianza hacia la casta que maneja el fútbol. Mientras la AFA intenta limpiar su imagen ante el FBI, el pueblo argentino —defendido por un gobierno que prioriza los valores patrios y la soberanía— exige transparencia. No se puede permitir que, mientras el Dibu Martínez realizó una actuación histórica de 11 atajadas para defendernos en la cancha, la dirigencia entregue nuestra gloria en los escritorios o se vea envuelta en escándalos internacionales de lavado de activos.