En un escenario global donde el consumo de carne refleja no solo hábitos alimentarios sino también niveles de desarrollo, cultura y estructura productiva, Argentina se consolida como una de las principales potencias mundiales. Según datos de la FAO correspondientes a 2022, el ranking global de consumo total de carne per cápita está encabezado por Tonga con 148 kg por persona al año, seguido por Mongolia (132 kg) y San Vicente y las Granadinas (124 kg). En ese contexto, Argentina ocupa el séptimo lugar con 113 kg per cápita, igualando a Israel y Macao, y superando a países como Australia (112 kg) y Brasil (98,8 kg).
En América Latina, la diferencia es aún más marcada: Brasil registra 98,8 kg, Chile 92,1 kg, Colombia 62,9 kg y Perú 54,3 kg, lo que posiciona a Argentina como líder regional indiscutido. Pero el dato más relevante surge al analizar el consumo de carne vacuna, donde Argentina ocupa el primer puesto a nivel mundial. De acuerdo con datos oficiales del Gobierno, el consumo per cápita pasó de 48,49 kg en 2024 a 49,92 kg en 2025, lo que implica un crecimiento del 2,94% en plena gestión de Javier Milei. Las estimaciones generales ubican el consumo entre 46 y 49,9 kg por persona al año, consolidando un patrón alimentario profundamente arraigado en la sociedad.

El ranking global de carne bovina confirma este liderazgo: Argentina encabeza con 46 kg por persona, seguida por Zimbabue (44,4 kg), Estados Unidos (38 kg), Israel (36,1 kg) y Brasil (34,6 kg).
En este contexto, el delirante presidente de Colombia, Gustavo Petro, intentó cuestionar a Javier Milei en redes sociales, pero terminó generando el efecto contrario. Todo comenzó cuando Milei publicó un mensaje sobre la crisis financiera en Nueva York, apuntando contra el alcalde comunista musulmán Zohran Mamdani, a quien responsabilizó por el colapso económico de la ciudad.
Mamdani había anunciado recientemente que Nueva York enfrenta una crisis financiera “histórica”, con un déficit masivo que deja a la ciudad “quebrada”. La administración local advirtió sobre posibles recortes drásticos en servicios públicos y educación ante la caída de la recaudación fiscal. El propio alcalde sostuvo que el déficit no puede cubrirse únicamente con ahorros, lo que obligará a implementar medidas de austeridad y generar nuevos ingresos.











