El conflicto radicaba en que los trabajadores, algunos con 20 o 30 años de antigüedad, no buscaban la estabilidad laboral, sino la indemnización por despido. Según relata el propio Fernández en el canal de streaming, los empleados ya tenían planes para ese dinero que nada tenían que ver con el crecimiento económico: “Cada uno tenía su historia: uno iba a comprar un caballo, el otro iba a comprar un galgo... no querían que el molino se compre, ellos querían cobrar su indemnización”.
Bajo la nueva gestión, se implementó un sistema de indicadores, pantallas y productividad al estilo automotriz, logrando elevar la producción de 14.000 a 25.000 bolsas diarias. Sin embargo, este aumento en la eficiencia fue respondido con un sabotaje sistemático:












