En pleno debate por la caída de la reforma de la Ley de Tierras en Argentina, una historia que llega desde Australia expone con claridad el contraste entre ambos países.
Mientras los sectores opositores al Gobierno de Javier Milei bloquean cambios para atraer inversiones, una familia argentina avanza sin restricciones en uno de los mercados agropecuarios más dinámicos del mundo.
Se trata de los Buratovich, un grupo empresario con más de un siglo de historia en el país, que concretó recientemente una inversión de 44 millones de dólares en Australia y ya controla unas 750.000 hectáreas en el Territorio del Norte. Una superficie equivalente a toda la provincia de Tucumán.
La última operación fue la compra de Aroona, una estación ganadera de 147.000 hectáreas ubicada a unos 90 kilómetros de Katherine, que incluye 15.000 cabezas de ganado y un fuerte potencial de desarrollo agrícola.
Con esta adquisición, la familia consolida una estrategia de expansión internacional iniciada hace años y que tuvo su punto de inflexión en 2019, cuando desembarcó en Australia.
El terreno adquirido por la familia argentina.
Un modelo abierto a la inversión
El caso no es aislado. Australia permite la compra de tierras rurales por parte de capitales extranjeros bajo un esquema de control administrativo, con registros y autorizaciones en ciertos casos, pero sin imponer límites rígidos a la cantidad de superficie en manos externas.
Ese modelo contrasta con el argentino, donde la legislación vigente establece un tope del 15% de tierras rurales en manos extranjeras, una restricción que el Gobierno de Milei buscaba flexibilizar, incluso tan solo elevándola al 25%, como parte de una estrategia para atraer inversiones.
Sin embargo, ese capítulo fue eliminado del proyecto en el Senado tras una serie de rechazos políticos de la oposición, lo que dejó sin efecto uno de los ejes centrales de la iniciativa oficial.
Inversiones que encuentran destino afuera
La historia de los Buratovich refleja una tendencia más amplia: capitales con origen en Argentina que encuentran mejores condiciones para expandirse en otros mercados.
El terreno adquirido por la familia argentina.
La familia, que comenzó su actividad a principios del siglo XX en Buenos Aires, hoy opera en más de 20 países y atiende a más de 400 clientes. Su crecimiento no fue casual: primero se expandieron en la región —Uruguay y Brasil— y luego dieron el salto a mercados más competitivos como Estados Unidos y Australia.
En este último país, replicaron su modelo productivo con una mirada de largo plazo. Desde la compra de Scott Creek en 2019 hasta la reciente adquisición de Aroona, la estrategia combina producción ganadera con desarrollo agrícola en tierras de alto potencial.
Uno de los aspectos más atractivos del mercado australiano es la previsibilidad. Las reglas son claras, estables y orientadas a fomentar la inversión productiva. A eso se suma una ventaja estratégica: la cercanía con Asia, uno de los principales polos de demanda de alimentos del mundo.
La caída del capítulo sobre tierras en el Congreso argentino deja en evidencia que mientras otros países compiten por atraer inversiones agropecuarias, Argentina mantiene restricciones que limitan ese flujo.
El resultado es visible en historias como la de los Buratovich: capital, conocimiento y experiencia local que terminan expandiéndose fuera del país, en mercados donde las condiciones permiten crecer a escala.