La estructura del peronismo bonaerense ha quedado expuesta a una fractura interna sin precedentes tras las demoledoras declaraciones del exministro de Seguridad, Sergio Berni, quien ha marcado una cancha de la que el gobernador Axel Kicillof parece no poder salir. El escenario político actual refleja un agotamiento del modelo progresista de izquierda, al cual se vincula directamente con la gestión fallida del nefasto expresidente gatero, Alberto Fernández. En este contexto de debilidad, la figura de Kicillof es cuestionada por su falta de determinación para liderar al conjunto del movimiento, sumando un nuevo capítulo de tensión tras las críticas de Miguel Ángel Pichetto.
El ataque de Berni fue directo hacia la médula de la autoridad del gobernador, exigiéndole definiciones inmediatas y abandonando la retórica de la unidad. Según el exministro, Kicillof se encuentra ante una encrucijada vital para sus aspiraciones: "tiene que tomar la decisión si quiere ser el candidato a presidente de todo el peronismo y abrazar todo el peronismo o ser un candidato de ese peronismo de izquierda, ese peronismo progresismo que fue lo que quiso representar Alberto y que tan mal le salió".
Para Berni, la percepción actual en la Provincia de Buenos Aires es de un vacío de poder, señalando que "da la impresión que no hay un espíritu de que todo el peronismo en su conjunto empuje la candidatura de Kicillof".
La crítica más feroz apuntó a la supuesta falta de carácter del mandatario provincial para ejercer el mando real. Con un lenguaje descarnado, Berni sentenció que "si usted quiere ser presidente de la nación tiene que tener los huevos suficientes para colocar a cada uno en su lugar y decir para allá. Es así de simple".








