Hace 5.500 años, en plena época prehistórica, la peste ya era un asesino implacable entre los humanos. Un equipo internacional de investigadores analizó ADN extraído de restos humanos en cementerios de cazadores-recolectores cerca del lago Baikal, en el este de Siberia, y descubrió cepas tempranas de la bacteria Yersinia pestis.
Los resultados, publicados en la revista Nature, muestran que casi el 40% de los individuos estudiados presentaban evidencia de infección. Esto supera incluso las tasas detectadas en algunos sitios de enterramientos medievales asociados a la peste bubónica.
Estas cepas antiguas demostraron ser altamente letales, incluso sin los mecanismos de transmisión por pulgas y roedores que se conocían en épocas posteriores.
Los científicos reconstruyeron genomas bacterianos a partir de material genético preservado en dientes antiguos. Combinaron esta información genética con datos arqueológicos y dataciones por radiocarbono para reconstruir lo ocurrido en esas comunidades pequeñas.













