Cuando la estructura entra en contacto con un obstáculo que simula un tumor sólido, sus brazos se abren y liberan el espermatozoide, que continúa su desplazamiento.
Una vez en contacto con las células cancerosas, el medicamento puede transferirse mediante la interacción entre las membranas celulares, lo que permite que la sustancia actúe sobre las células que se busca destruir.
Es importante aclarar que los espermatozoides no reconocen por sí mismos las células cancerosas. La orientación depende del mecanismo magnético diseñado por los investigadores, mientras que la liberación del medicamento se produce mediante la interacción celular.
Otra de las ventajas que señalaron los científicos es que los espermatozoides pueden transportar sustancias dentro de entornos biológicos sin presentar algunas de las dificultades asociadas a otros sistemas experimentales, como determinados microorganismos utilizados para administrar fármacos.
En las pruebas, demostraron una buena capacidad para incorporar el medicamento y conservarlo durante su transporte. El objetivo es que, en futuras aplicaciones, este mecanismo permita concentrar la quimioterapia en las zonas afectadas y limitar su distribución hacia tejidos sanos.