En noviembre de 1923, una joven pareja francesa llegó a Hanoi con planes que parecían de exploradores interesados en la cultura jemer. Clara y André Malraux se presentaron en la sede de la École Française d’Extrême Orient buscando permisos para adentrarse en la selva camboyana. Dijeron que querían estudiar la antigua Ruta Real del Imperio Jemer, pero en realidad buscaban otra cosa.
El director interino les advirtió sobre los peligros de la zona, donde habían muerto investigadores recientemente, y les recordó que cualquier hallazgo debía quedar in situ o ser entregado a la institución. Ellos ignoraron las recomendaciones y siguieron adelante. Lo que parecía un viaje de investigación era una tapadera para un saqueo.
El objetivo era el templo rosa de Banteay Srei, una joya de la arquitectura jemer. La pareja, sin experiencia real en arqueología, planeaba llevarse piezas para venderlas y mantener su estilo de vida bohemio en París. André, que por entonces soñaba con fama literaria, y Clara, editora e intelectual, se lanzaron a una aventura que terminaría mal.











