En las llanuras del centro-norte de Sri Lanka se alza una cúpula de ladrillo que domina el paisaje arqueológico de Anuradhapura. Se trata de Jetavanaramaya, una estupa budista terminada hacia el año 301 d. C. que, al momento de su construcción, fue la tercera obra artificial más grande del planeta. Solo las Grandes Pirámides de Giza la superaban en escala.
Una estupa es una estructura semiesférica destinada a guardar reliquias religiosas y a servir como espacio de culto y meditación. CNN la describió como una “megaestructura masiva construida para la eternidad”, ubicándola entre los grandes hitos de la antigüedad. Hoy sigue siendo la mayor construcción de ladrillo del mundo por volumen.
Anuradhapura fue el primer territorio fuera de India en adoptar el budismo. Durante siglos funcionó como centro político y religioso de la isla. Ese peso histórico impulsó la elevación de monumentos de gran envergadura, expresión a la vez de devoción y de poder. El parque arqueológico reúne monasterios, embalses y santuarios donde aún circulan peregrinos y monjes que mantienen tradiciones de más de dos mil años.
La obra demandó unos 93,3 millones de ladrillos de barro cocido. Su altura original rondaba los 122 metros. Los arqueólogos estiman que esos bloques alcanzarían para levantar un muro de un metro de alto desde Londres hasta Edimburgo, o desde Nueva York hasta Pittsburgh.
Un complejo pensado para la vida monástica
El nombre Jetavanaramaya no identifica solo la cúpula. Designa también el núcleo del Jetavana Vihara, un amplio complejo monástico pensado para alojar a cientos de religiosos. Cada edificio del recinto miraba hacia el templo central, de modo que los monjes lo tenían siempre delante al salir de sus residencias. Esa disposición reflejaba el orden espiritual y cosmológico que organizaba la vida cotidiana.
La rivalidad religiosa de la época influyó en el impulso constructor. Durante casi setecientos años después de su terminación no surgió en Sri Lanka otra edificación de tamaño comparable. Ese dato habla de los recursos humanos, técnicos y organizativos que exigió el proyecto.
Terremotos, lluvias monzónicas y largos períodos sin mantenimiento provocaron el derrumbe de secciones enteras. La última renovación importante tuvo lugar en el siglo XII, bajo el reinado de Parakramabahu I. Después, la vegetación cubrió el sitio y lo mantuvo alejado de la memoria internacional durante siglos.
Tras ese deterioro, la estupa mide hoy cerca de 71 metros, poco más de la mitad de su altura original. Sin embargo, su volumen total la mantiene como la mayor obra de ladrillo jamás construida. Ningún otro monumento del planeta comparte ese récord.
Un destino para investigadores y viajeros
El sitio se ha convertido en referencia para quienes buscan comprender el alcance de las civilizaciones antiguas del sur de Asia. A diferencia de las pirámides egipcias, que nunca dejaron de figurar en los registros históricos, Jetavanaramaya permaneció durante mucho tiempo casi olvidada fuera de la isla.
Hoy el parque arqueológico de Anuradhapura permite recorrer ese legado. Monasterios, reservorios de agua y decenas de edificaciones religiosas de distintas épocas conviven en las llanuras noroccidentales del país. Peregrinos vestidos de blanco y monjes continúan circulando por el territorio, manteniendo viva una tradición que supera los dos mil años.
La estupa sigue siendo un testimonio de capacidad técnica y de organización social. Su permanencia durante diecisiete siglos, a pesar de los daños naturales y del abandono prolongado, confirma el valor de una obra pensada para perdurar.