Antes de convertirse en una de las figuras más influyentes de la política argentina, Juan Manuel de Rosas consolidó su poder desde la campaña bonaerense. Allí, entre campos, ganado y peones, forjó una experiencia de administrador rural que después le resultaría decisiva.
Uno de los puntos clave de esa etapa fue la estancia Los Cerrillos, ubicada cerca de San Miguel del Monte, en una zona que a comienzos del siglo XIX todavía formaba parte de la frontera. En 1820, Rosas adquirió esas tierras junto con Juan Nepomuceno Terrero y los hermanos Luis y Manuel Dorrego.
Con el tiempo, el establecimiento se transformó en una estructura productiva sólida y, al mismo tiempo, en una base de poder militar. Rosas impuso una administración estricta: organizaba el trabajo de los peones, controlaba los cultivos y fijaba normas claras para el cuidado de los animales y las herramientas.
Uno de los datos más llamativos es que en Los Cerrillos llegaron a funcionar 60 arados al mismo tiempo, una cifra alta para una época en la que casi todo dependía de la fuerza humana y animal.
Cómo era la estancia y cómo surgieron los Colorados del Monte
Las estancias eran el motor de la economía bonaerense. La ganadería aportaba carne, cuero y grasa, mientras la agricultura empezaba a ganar terreno. En Los Cerrillos había grandes extensiones dedicadas al ganado, campos de cultivo, numerosos trabajadores rurales, caballos de trabajo y una organización poco habitual para la época.
La importancia del lugar se volvió todavía más evidente durante la crisis política de 1820. Rosas reunió y armó a más de cien hombres vinculados a sus establecimientos rurales para apoyar a las autoridades de Buenos Aires. Así nació la fuerza conocida como Colorados del Monte, cuyo nombre se debía al color de sus uniformes.
Eran hombres acostumbrados a las tareas del campo y capaces de moverse con rapidez a caballo. Esa capacidad de movilización rápida se convirtió en una herramienta política y militar de primer orden para Rosas.
Al mismo tiempo, en la estancia se construyó el llamado Rancho de Rosas, una vivienda típica de la campaña bonaerense. Sus paredes, hechas de barro y paja, tenían unos 45 centímetros de espesor y estaban pensadas para resistir las condiciones del campo.
El rancho de barro y paja que pesaba 140 toneladas
El rancho tenía cinco habitaciones dispuestas en fila, techo de materiales vegetales y tientos de cuero de potro que sujetaban parte de la estructura. Era una construcción austera pero sólida, preparada para la vida rural.
En 1987 la construcción fue donada a San Miguel del Monte. El traslado planteó un desafío enorme: había que recorrer unos 60 kilómetros sin desarmar el edificio, porque eso podía provocar daños irreparables.
Para resolverlo, levantaron el rancho completo y lo colocaron sobre una plataforma especial con alrededor de 120 ruedas hidráulicas. El peso total rondaba las 140 toneladas. Finalmente llegó a destino y hoy forma parte del patrimonio histórico de la localidad.
Así, Los Cerrillos no solo fue el escenario donde Rosas aprendió a administrar campos y hombres, sino también el lugar donde nació una de las fuerzas militares que lo acompañaron en su camino al poder.