El violento robo que sufrió Wanda Nara en su casa de campo de Milán continúa dejando consecuencias en su familia. Días después del asalto, la empresaria rompió el silencio y relató cómo vivieron sus hijos aquella noche y las secuelas emocionales que aún enfrentan tras el episodio.
En una entrevista con Primicias Ya, la conductora explicó que el miedo no terminó cuando los delincuentes abandonaron la vivienda, sino que se trasladó a la vida cotidiana de los chicos, quienes todavía atraviesan momentos de angustia e inseguridad.
Durante la charla, Wanda contó que la profesional que acompaña psicológicamente a sus hijas le solicitó material relacionado con lo ocurrido para trabajar una de las situaciones traumáticas que detectó durante las sesiones.
Los niños no podrían dormir por las noches
"Me llegó un pedido de la licenciada que acompaña a las nenas. Me dijo la psicóloga que le mande todos los videos donde aparecen mis hijos porque encontraba en una de ellas un trauma grande de algo que también sucedió esa noche para ayudarla", explicó.
La empresaria señaló que, desde el primer momento, su principal preocupación fue contener emocionalmente a sus hijos y ayudarlos a recuperar la tranquilidad.
"No dormían de noche"
Wanda reveló que los más grandes quedaron especialmente afectados por el asalto y que, ante la situación, decidió que pasaran algunos días junto a su padre, Maxi López.
"Primero quise tratar de tranquilizar a todos los chicos. Los más grandes están súper asustados. Maxi se los llevó con él y están con sus hermanitos chiquititos. El lunes viene para acá a estar de vuelta conmigo, pero se fueron unos días con su papá porque estaban muy asustados, no dormían de noche", contó.
Sus hijas también estarían con miedo por lo sucedido
"Mi hijo más grande estaba con un cuchillo en la mano y me decía: 'Mamá, la puerta, un cuchillo'. Quería dormir con un cuchillo en la mano porque todos sintieron impotencia", recordó.
Además del miedo, Wanda aseguró que algunos de sus hijos quedaron con una profunda sensación de culpa por no haber podido hacer nada durante el ingreso de los delincuentes.
Según explicó, los adolescentes sentían que podrían haber intervenido para evitar el robo o proteger a sus hermanas menores.
"Sentían que podrían haber hecho algo en ese robo o enfrentar a esta gente que entró en mi casa y todo este sufrimiento de las hermanas por sus documentos no hubiera pasado", expresó.