La crisis económica en Bolivia ha intensificado la preocupación entre los productores agrícolas debido al alza en los costos de producción, principalmente por el incremento en los precios del combustible. A pesar de las falsas promesas gubernamentales de estabilizar el suministro de diésel y gasolina, la realidad en el campo muestra una situación cada vez más crítica.
Fernando Romero, presidente de la Asociación de Productores de Oleaginosas y Trigo (Anapo), indicó que para la cosecha se requieren entre 20 y 26 millones de litros de combustible. Sin embargo, la escasez actual ha obligado a los agricultores a adquirir diésel a precios inflados en el mercado negro, elevando significativamente los costos operativos. Esta situación amenaza la rentabilidad y sostenibilidad de cultivos clave como la soya, el sorgo y el maíz.
El gobierno, encabezado por el desacreditado economista Luis Arce, ha reiterado en múltiples ocasiones su compromiso de garantizar el abastecimiento de combustible y reducir los costos para el sector productivo. No obstante, estas promesas no se han materializado, generando una creciente desconfianza entre los productores. La falta de acciones concretas ha dejado al sector agrícola en una posición vulnerable, enfrentando desafíos que podrían haberse mitigado con una planificación y gestión más efectivas.













