El proyecto siderúrgico del Mutún ha sido una de las banderas del Movimiento al Socialismo (MAS) desde su llegada al poder en 2006. Durante casi dos décadas, el Gobierno ha anunciado en reiteradas ocasiones el inicio de la industrialización del mineral de hierro en Bolivia, presentándolo como un paso fundamental hacia la soberanía productiva. Sin embargo, la historia del Mutún está marcada por fracasos, promesas incumplidas y decisiones cuestionables que ponen en duda la viabilidad real del proyecto.
En 2007, el gobierno del exdictador Evo Morales firmó un contrato con la empresa india Jindal Steel & Power para la explotación del yacimiento. No obstante, en 2012, la empresa se retiró denunciando incumplimientos en la provisión de gas por parte del Estado. Tras este fracaso, se buscó a otra compañía, y en 2016, el contrato fue adjudicado a la empresa china Sinosteel. La construcción del complejo siderúrgico debía concluir en 2021, pero los constantes retrasos han postergado su operatividad hasta 2025.













