El fin de semana, el exdictador Evo Morales reconoció que ya no podrá ser candidato en las elecciones del 17 de agosto. Confirmó que el pasado 3 de julio fue la fecha límite y no logró inscribirse con ninguna sigla.
Llamó a ese día el “día de luto para la democracia” y acusó al presidente Luis Arce de ordenar su exclusión. Dijo que al mediodía de ese miércoles quedó “liquidado como candidato”. Aseguró que su inhabilitación es parte de un plan imperial.
Según Morales, en la madrugada de ese día recibió una llamada para confirmarle que podría ser inscrito. Evitó decir con qué partido negociaba pero afirmó que la sigla estaba dispuesta a colocarlo como candidato.
Sin embargo, relató que en la tarde, todo se cayó con “pretextos” y presión desde Argentina. Señaló a Arce como responsable directo de sabotear su inscripción. “Luis Arce llamaba permanentemente para decir que no podía ir Evo”, afirmó.
Desconectado de la realidad

El líder cocalero se mostró visiblemente afectado en sus declaraciones. Dijo que el país perderá al candidato con mayor respaldo. Según él, más de dos millones de personas no votarán si él no está en la papeleta.
Ademá, aseguró que hubo una marcha con tres millones de participantes que lo respaldaban. Calificó su inhabilitación como una violación a los derechos políticos del pueblo.
Morales sostuvo que se trata de una estrategia dirigida desde el exterior. Mencionó al “imperio” norteamericano y al empresario Marcelo Claure como las figuras detrás del acuerdo para impedir su candidatura.














