La ausencia de Aleksander Čeferin en la final del Mundial entre Argentina y España expuso la profunda guerra de poder entre la UEFA y la FIFA. El dirigente esloveno decidió no asistir al partido como protesta contra Gianni Infantino por el denominado “caso Balogun”, según informó el diario británico The Times.
La decisión adquirió una relevancia todavía mayor por el clima previo al encuentro. Antes de la final, desde la UEFA habían trascendido advertencias sobre una posible ofensiva para desplazar a Infantino de la presidencia de la FIFA si la Selección argentina volvía a consagrarse campeona del mundo.
El presidente de la UEFA no asistió a la final.
El origen inmediato del enfrentamiento fue la situación del delantero estadounidense Folarin Balogun, expulsado durante la victoria ante Bosnia y Herzegovina. La sanción debía dejarlo afuera del partido de octavos de final contra Bélgica, pero la FIFA suspendió su cumplimiento durante doce meses, amparándose en el artículo 27 de su Reglamento Disciplinario.
La resolución provocó todavía más polémica después de conocerse que el presidente estadounidense Donald Trump había hablado directamente con Infantino para solicitar que el caso fuera revisado. Finalmente, Balogun quedó habilitado para disputar el encuentro ante los belgas.
La UEFA respondió con un comunicado de inusual dureza. El organismo manifestó su “estupor” ante una decisión que calificó como “inédita, incomprensible e injustificable” y sostuvo que la conducción de la FIFA había “cruzado una línea roja”.
El conflicto, sin embargo, excedía el caso del atacante estadounidense. Durante el Mundial, Čeferin también cuestionó la ampliación del torneo a 48 selecciones, el sistema de precios dinámicos para las entradas, las pausas de hidratación y la extensión del entretiempo de la final por el espectáculo musical.
La UEFA además criticó que las autoridades estadounidenses impidieran el ingreso al país del árbitro somalí Omar Artan. Como respuesta, el organismo europeo lo designó para dirigir la Supercopa de Europa entre el París Saint-Germain y el Aston Villa.
¿Qué hubiera pasado si el arbitraje hubiera sido de la Conmebol?
Finalmente, España derrotó a la Argentina en una final dirigida por una terna arbitral completamente eslovena, de la misma nacionalidad que Čeferin, y marcada por decisiones que perjudicaron a la Selección. Aunque no existen pruebas de una intervención directa de la UEFA sobre el arbitraje, la coincidencia alimentó las sospechas.
El desenlace terminó favoreciendo precisamente al bloque europeo que había confrontado con Infantino y amenazado su continuidad. La UEFA denunció que la FIFA había cruzado una “línea roja”, pero el resultado del partido decisivo terminó beneficiando a sus propios intereses deportivos y económicos.