En medio del debate por el aumento de la mora en Argentina, el cambio de escenario económico en los últimos años sirve para explicar, en su mayoría, los motivos de esta nueva situación.
Durante el kirchnerismo, con una alta inflación, quienes tomaban créditos podían ver cómo el valor real de sus deudas se reducía con el paso del tiempo. El efecto, destructivo para el ahorrista, era favorable para los deudores y perjudicial para quienes prestaban, ya que el dinero devuelto tenía un menor valor en términos reales.
Ese mecanismo comenzó a modificarse cuando, tras la llegada del Gobierno de Javier Milei, la inflación bajó fuertemente y, en consecuencia, el costo financiero pasó a tener un peso mucho mayor sobre los ingresos.
Dinero.
El resultado fue un cambio en las condiciones de los créditos que ayuda a explicar por qué una parte creciente de los deudores comenzó a tener dificultades para cumplir con sus obligaciones.
Un reciente estudio sobre la licuación del costo financiero total de los préstamos personales, elaborado con una estimación econométrica a partir de datos del BCRA, muestra con claridad el cambio registrado entre 2019 y 2026.
El dato más significativo aparece al comparar el costo financiero total (CFT) pactado con su evolución en términos reales. En promedio, una persona que tomó un crédito en marzo de 2022 enfrentó un CFT del 85%. Sin embargo, en un contexto de inflación extremadamente elevada, ese costo terminó transformándose en un costo financiero real de -15%.
Esto significa que, en términos reales, el deudor terminó devolviendo menos capital del que había recibido. La inflación actuaba como un mecanismo que reducía progresivamente el peso de la deuda, mientras que quienes habían otorgado los préstamos eran los que soportaban la pérdida de valor real.
El estudio.
La desaceleración de la inflación
La situación comenzó a cambiar a finales de 2023. Para marzo de ese año, el CFT real de los créditos ya se ubicaba en torno al 1,5%.
El salto más significativo se observa un año después. Quien tomó o renovó un crédito en marzo de 2024 enfrentó un CFT real del 206%, una diferencia considerable respecto del costo financiero real negativo registrado apenas dos años antes.
La evolución expuesta en el gráfico muestra que el costo financiero real pasó de niveles negativos a registrar un fuerte aumento, en un contexto en el que la inflación dejó de reducir el valor real de las deudas.
La consecuencia es que una deuda que anteriormente podía perder peso real con el paso del tiempo pasó a convertirse en una obligación mucho más difícil de afrontar. El cambio no estuvo solamente relacionado con el monto nominal de las cuotas, sino con la modificación de las condiciones económicas que determinaban cuánto representaba esa deuda en términos reales.
Pesos.
El fin de la licuación
Durante el período de alta inflación, el mecanismo de licuación también tenía una consecuencia sobre el mercado crediticio: los que prestaban dinero eran quienes perdían, porque la devolución se producía en un contexto donde el valor real del capital se deterioraba rápidamente.
Ese escenario tampoco favorecía la expansión del crédito. Si prestar dinero implicaba asumir una pérdida importante en términos reales, existían menos incentivos para otorgar financiamiento en esas condiciones.
Con el cambio de régimen, la situación se modificó. La inflación dejó de licuar las deudas y, al mismo tiempo, el costo financiero pasó a representar una carga efectiva para quienes habían tomado créditos.
El punto central, entonces, es el cambio en el peso real de las obligaciones. Lo que durante años podía quedar parcialmente compensado por una inflación muy elevada dejó de hacerlo cuando la inflación comenzó a bajar y las condiciones financieras cambiaron.
En ese nuevo escenario, las cuotas y el costo de los préstamos dejaron de ser licuados por la inflación y comenzaron a impactar de manera mucho más directa sobre los ingresos, un cambio fundamental que los argentinos deberán tener en cuenta de cara al futuro.