Los datos muestran un crecimiento sostenido que se da sin déficit fiscal y políticas populistas, a diferencia del kirchnerismo.
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A finales de 2025, los datos del INDEC revelaron que el consumo privado total en Argentina llegó a máximos históricos, gracias a la estabilidad y crecimiento económico generado por el Gobierno de Javier Milei.
En este contexto, un informe de Chequeado, basado en datos oficiales, reveló también que el consumo per cápita actual se encuentra tan solo un 3,1% por debajo del pico registrado en 2011, lo que lo posiciona en niveles cercanos a ese máximo.
Si bien las cifras son excelentes, hay que tener en cuenta que la evolución del consumo actual presenta características diferenciadas respecto de aquel pico histórico.
El año 2011, bajo el gobierno de la corrupta Cristina Fernández de Kirchner, estuvo marcado por un fuerte impulso al consumo por medio del aparato del Estado y en un contexto electoral, con subsidios, controles de precios, un elevado gasto público para impulsar artificialmente la demanda.
Consumo privado per cápita.
Producto de esa política populista, el déficit fiscal de ese año superó los $52.000 millones, el mayor de la etapa kirchnerista. Además, el presupuesto inicial fue ampliado en más de $60.000 millones mediante decretos a lo largo del año, en un escenario donde el gasto creció a un ritmo superior al de la recaudación.
El financiamiento de ese desequilibrio incluyó el uso de reservas del Banco Central, fondos de la ANSES y emisión monetaria, factores que contribuyeron al aumento de la inflación y una nueva crisis económica.
Esa clase de medidas permitió alcanzar el mayor nivel de consumo de la década, aunque no de una manera genuina, sostenible, y provocando una destrucción de las variables macroeconómicas.
Javier Milei y Luis Caputo.
El consumo bajo el Gobierno de Milei
En contraste, la situación actual presenta un escenario diferente. Con la gestión de Javier Milei, el consumo muestra un crecimiento que, aun sin haber superado el récord en términos per cápita, se desarrolla en un marco sin déficit fiscal y sin políticas populistas orientadas a impulsar artificialmente la demanda mediante emisión monetaria o subsidios generalizados.
En ese sentido, el comportamiento de la serie demuestra que, de mantenerse la tendencia, el consumo per cápita podría superar próximamente el nivel alcanzado en 2011, pero en condiciones macroeconómicas distintas, con tarifas actualizadas, reformas en marcha y en una economía en crecimiento real.
Así, aunque el dato puntual indica que el consumo por habitante aún se ubica levemente por debajo del máximo histórico, el análisis contextual muestra un cambio en la dinámica económica, donde el crecimiento del consumo se produce sin los desequilibrios fiscales y monetarios que caracterizaron al período K.