La guerra contra Irán y el cierre del estratégico Estrecho de Ormuz han desencadenado una de las mayores disrupciones energéticas de los últimos años, llevando a Estados Unidos a asumir un rol central como proveedor global de petróleo. En este contexto, la administración del presidente Donald Trump ha impulsado un fuerte aumento de las exportaciones de crudo y productos refinados, en un intento por amortiguar el impacto de la crisis sobre los mercados internacionales, especialmente en Asia.
Según datos de la inteligencia comercial, las exportaciones estadounidenses de crudo alcanzarán niveles récord en abril y mayo, con envíos superiores a los 5,4 millones de barriles diarios (bpd), muy por encima de los menos de 4 millones registrados a comienzos de año, antes del estallido del conflicto el 28 de febrero. Este incremento ha sido impulsado principalmente por la creciente demanda asiática, una región que dependía en gran medida del petróleo proveniente del Golfo Pérsico.
El cierre casi total del Estrecho de Ormuz, por donde transitaba cerca del 20% del suministro mundial de crudo y combustibles, ha generado un déficit significativo en los mercados internacionales. En Asia, las importaciones marítimas de petróleo han caído en torno a 10 millones de barriles diarios respecto a los niveles previos a la guerra, una pérdida que ni siquiera el aumento de las exportaciones estadounidenses puede compensar por completo.
Aun así, los envíos de crudo desde Estados Unidos hacia Asia han experimentado un crecimiento notable. Para mayo, se proyecta que alcancen los 3,29 millones de bpd, triplicando los niveles de enero. Este flujo ha sido clave para aliviar, al menos parcialmente, la escasez en países altamente dependientes de las importaciones energéticas, como China, Corea del Sur y Japón.

En paralelo, las exportaciones estadounidenses de productos refinados también han aumentado, llegando a 3,59 millones de bpd en abril. Sin embargo, solo una fracción de ese volumen, alrededor de 386.000 bpd, se dirige a Asia, lo que limita su capacidad para compensar la caída de más de 1,5 millones de bpd en combustibles que anteriormente cruzaban el Estrecho de Ormuz hacia esa región.










