La administración del presidente Donald Trump está intensificando sus esfuerzos para fortalecer la presencia económica y estratégica de Estados Unidos en África, en un intento por contrarrestar la creciente influencia de China en el continente. Washington asegura haber contribuido al cierre de 37 acuerdos comerciales valorados en USD 25.670 millones, mientras busca ofrecer a los países africanos una alternativa al modelo económico impulsado por Beijing.
El subsecretario de Estado para Asuntos Africanos, Frank Garcia, afirmó que China continúa inundando los mercados africanos con productos subsidiados por el Estado, una práctica que, según funcionarios estadounidenses, puede debilitar a los fabricantes locales y aumentar la dependencia económica de los países del continente.
La diferencia en el volumen comercial entre ambas potencias evidencia el desafío. En 2025, el comercio bilateral de bienes entre China y África alcanzó aproximadamente USD 348.100 millones. Las exportaciones chinas representaron unos USD 225.000 millones, mientras que las importaciones provenientes de África llegaron a cerca de USD 123.000 millones. En contraste, el comercio de bienes entre Estados Unidos y África fue de aproximadamente USD 83.350 millones.

Washington sostiene que esta brecha no representa únicamente una competencia comercial, sino también un problema estratégico. Investigaciones recientes han señalado que la competencia de productos chinos puede reducir la productividad de fabricantes africanos, especialmente de pequeñas y medianas empresas que enfrentan dificultades financieras y problemas de acceso a electricidad.
Al mismo tiempo, numerosas compañías chinas han incrementado su producción directamente en África. En Ghana, más de 400 fabricantes de propiedad china registraron operaciones entre 2004 y 2024. En Sudáfrica, el fabricante automotor Chery adquirió una antigua planta de Nissan y planea comenzar allí la producción en 2027.
Aunque la inversión china ha generado empleos y actividad económica, también ha provocado conflictos con comunidades locales. En algunos países africanos se han registrado denuncias contra empresas chinas por contaminación, daños ambientales y afectaciones a tierras agrícolas. En Guinea, por ejemplo, una protesta contra una compañía minera china en 2024 terminó con dos personas muertas después de la intervención de las fuerzas de seguridad.
Para la administración Trump, estos episodios refuerzan la necesidad de que Estados Unidos presente una alternativa basada en acuerdos comerciales transparentes y beneficios mutuos, en lugar de permitir que China consolide una posición dominante en sectores estratégicos.














