Cernan fue uno de los más críticos y advirtió sobre la "falta de experiencia" de las nuevas compañías del sector: “Estas empresas comerciales aún no saben lo que no saben”. Su postura reflejaba dudas sobre la capacidad de las startups para cumplir con estándares de seguridad comparables a los de empresas tradicionales como Boeing o Lockheed Martin.
Por su parte, Armstrong rechazó la estrategia general, señalando que el plan carecía de “un programa de respaldo” y cuestionando la viabilidad de que los nuevos actores alcanzaran los niveles de seguridad y cumplimiento necesarios.

Las críticas también quedaron plasmadas en una carta abierta enviada en abril de 2010 al gobierno de Barack Obama, firmada por Armstrong, Jim Lovell y Cernan.












