Beijing, por su parte, rechazó las acusaciones y defendió la medida bajo el principio de “una sola China”, que sostiene que Taiwán es parte de su territorio. En ese marco, China suele presionar a otros países para que no mantengan vínculos oficiales con el gobierno taiwanés.
El episodio refleja una tendencia creciente: la utilización de herramientas económicas y diplomáticas para influir en decisiones de terceros países. Taiwán denunció que China recurre a incentivos financieros y acuerdos comerciales para lograr que distintos Estados rompan o limiten sus relaciones con la isla.













