Un nuevo episodio de tensión internacional volvió a poner en el centro del escenario la disputa entre China y Taiwán, luego de que el gobierno taiwanés denunciara presiones de la dictadura de Xi Jinping para impedir un viaje oficial de su presidente, Lai Ching-te.
El conflicto se desató cuando varios países africanos, entre ellos Seychelles, Mauricio y Madagascar, negaron permisos de sobrevuelo al avión presidencial taiwanés, lo que obligó a suspender una gira que incluía una visita a Esuatini, uno de los pocos aliados diplomáticos que aún mantiene relaciones con Taiwán.

Desde Taipei, las autoridades señalaron que la decisión no fue casual, sino resultado de una estrategia de presión ejercida por China para limitar la proyección internacional de la isla. Según el gobierno taiwanés, este tipo de maniobras forman parte de una política sostenida de aislamiento diplomático.
Beijing, por su parte, rechazó las acusaciones y defendió la medida bajo el principio de “una sola China”, que sostiene que Taiwán es parte de su territorio. En ese marco, China suele presionar a otros países para que no mantengan vínculos oficiales con el gobierno taiwanés.
El episodio refleja una tendencia creciente: la utilización de herramientas económicas y diplomáticas para influir en decisiones de terceros países. Taiwán denunció que China recurre a incentivos financieros y acuerdos comerciales para lograr que distintos Estados rompan o limiten sus relaciones con la isla.









