Rusia enfrenta una de las mayores crisis de combustible desde el inicio de la invasión a Ucrania. La intensificación de los ataques ucranianos con drones contra refinerías, depósitos de almacenamiento e infraestructura energética comenzó a afectar directamente el abastecimiento interno, provocando largas filas en estaciones de servicio y restricciones a la venta de gasolina en diversas regiones del país.
Las imágenes de automovilistas esperando durante horas para cargar combustible se multiplicaron en redes sociales y medios locales. Lo que hace apenas unas semanas era un problema limitado a algunas provincias se extendió a otras zonas del país, incluida el área metropolitana de Moscú, donde las colas en las gasolineras se han vuelto cada vez más frecuentes.
Vehículos rusos haciendo fila en una estación de servicio
Ante el deterioro de la situación, el presidente Vladimir Putin reconoció públicamente que existen "problemas" en el suministro de combustible, una admisión poco habitual por parte del Kremlin. No obstante, el mandatario insistió en que las autoridades trabajan para estabilizar el mercado y garantizar el abastecimiento, mientras ordenó reforzar la protección de las instalaciones estratégicas frente a los ataques ucranianos.
La escasez es consecuencia directa de la campaña lanzada por Ucrania para golpear la infraestructura energética rusa. En los últimos meses, drones de largo alcance han impactado numerosas refinerías, terminales petroleras y centros logísticos, reduciendo significativamente la capacidad de producción y distribución de combustibles. Según diversos informes, la producción de gasolina cayó cerca de un 25 % respecto de los niveles habituales.
Como respuesta, varias regiones ya comenzaron a limitar la cantidad de combustible que puede adquirir cada conductor y algunas zonas declararon medidas de emergencia para administrar las reservas disponibles.
El mandatario ruso Vladimir Putin
La crisis energética coincide con una intensificación de los ataques ucranianos sobre territorio ruso. Durante los últimos días, Moscú y otras regiones fueron blanco de una nueva ola de drones que obligó a suspender temporalmente operaciones en varios aeropuertos y a reforzar las defensas aéreas alrededor de la capital. Kiev sostiene que estos ataques buscan debilitar la capacidad logística del Kremlin y aumentar el costo de mantener la guerra.
El deterioro del abastecimiento representa un nuevo desafío para el Gobierno de Putin. Más de cuatro años después del comienzo del conflicto, las consecuencias de la guerra ya no se limitan al frente de batalla y comienzan a sentirse con fuerza en la vida cotidiana de millones de ciudadanos rusos, que enfrentan crecientes dificultades para acceder a un recurso esencial como el combustible.