El régimen busca inversión económica mientras crece la presión estadounidense.
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En un nuevo intento por sostener una economía colapsada, la dictadura cubana de Díaz-Canel puso en marcha una ley que permite a ciudadanos residentes en el exterior invertir en la isla, una medida que evidencia tanto la gravedad de la crisis como las limitaciones estructurales del modelo socialista.
El Decreto-Ley 117, ya en vigor, habilita a los cubanos emigrados a obtener una “condición migratoria de inversores y de negocios”, otorgándoles derechos similares a los residentes dentro del país. La iniciativa apunta especialmente a captar recursos de la comunidad cubanoamericana, históricamente clave por el envío de remesas y su peso económico fuera de la isla.
Sin embargo, lejos de representar una apertura genuina, la medida parece responder a una necesidad urgente del régimen de conseguir financiamiento ante la falta de acceso a organismos internacionales y el deterioro generalizado de la economía. Cuba atraviesa una crisis estructural marcada por escasez, apagones y una caída sostenida de su capacidad productiva, lo que ha obligado al gobierno a flexibilizar parcialmente su rígido sistema
Manifestaciones en contra de la dictadura cubana
Lanormativa contempla inversiones en sectores estratégicos como turismo, energía y minería, áreas controladas históricamente por el Estado. Aunque se promete protección legal para los inversores, persisten dudas sobre la seguridad jurídica en un país donde el control estatal sigue siendo dominante y donde antecedentes de expropiaciones generan desconfianza.
En este contexto, el rol de Estados Unidos aparece como determinante. El gobierno de Donald Trump ha incrementado la presión sobre La Habana, exigiendo reformas profundas y señalando la necesidad de un cambio político como condición para una verdadera recuperación. Desde la Casa Blanca se ha dejado claro que cualquier apertura económica será insuficiente sin transformaciones democráticas de fondo.
Marco Rubio y el general del Comando Sur adelante de un mapa de Cuba
Esta reforma confirma el fracaso del modelo económico cubano: tras décadas de rechazo al capital privado, el régimen ahora depende del dinero de aquellos que expulsó. Mientras tanto, la comunidad internacional, encabezada por Estados Unidos, continúa presionando para que la isla abandone el autoritarismo y avance hacia un sistema más libre y transparente.
La apertura a la inversión del exilio no es, en definitiva, una señal de fortaleza, sino el reflejo de un sistema agotado que busca sobrevivir en medio de crecientes tensiones internas y presión diplomática del gobierno de Trump.