Abelardo de la Espriella asumió formalmente como presidente de Colombia este viernes, en una ceremonia realizada en la ciudad de Cali, donde prestará funciones durante el período 2026-2030. El acto marcó el inicio de una nueva etapa política en el país tras el fin del mandato del comunista Gustavo Petro.
La ceremonia de posesión se llevó a cabo con la participación de autoridades nacionales e invitados internacionales, y tuvo como momento central el juramento tomado por el presidente del Senado, Honorio Henríquez, quien además le colocó la banda presidencial al nuevo mandatario.
La asunción de De la Espriella se produce luego de una victoria electoral en segunda vuelta que abrió un nuevo escenario político en Colombia. Su llegada al poder representa un gran cambio de rumbo respecto a la administración anterior, con una agenda centrada en reformas estructurales, seguridad y políticas orientadas a la reducción del Estado.
Abelardo de la Espriella.
En la previa de su asunción, el nuevo presidente mantuvo encuentros con distintos líderes internacionales, entre ellos el mandatario argentino Javier Milei, con quien evidenció afinidad ideológica. Durante esa reunión, De la Espriella elogió a Milei y lo definió como una “inspiración” y un “faro”, destacando su influencia en el proceso político que lo llevó a la presidencia.
El nuevo presidente accedió al poder a través de su movimiento Defensores de la Patria, tras imponerse en el balotaje frente al senador de izquierda Iván Cepeda, sucediendo en el cargo al comunista Gustavo Petro.
La llegada de De la Espriella al gobierno introduce un giro político con eje en políticas de seguridad y reformas estructurales.
Javier Milei y Abelardo de la Espriella.
Su programa se caracteriza por un enfoque de “mano dura”, que incluye el rechazo total a las negociaciones de paz con grupos terroristas y la implementación de medidas como bombardeos a campamentos criminales, fumigación de cultivos de coca y la construcción de megacárceles.
En paralelo, el nuevo mandatario también anunció un ambicioso plan de transformación del Estado. Entre sus principales propuestas se encuentra la reducción del tamaño del aparato estatal en un 40%, junto con una baja de impuestos y el cierre de distintas dependencias gubernamentales.