En un movimiento histórico para la seguridad del hemisferio, el Gobierno de los Estados Unidos anunció este jueves la designación del Primeiro Comando da Capital (PCC) y del Comando Vermelho (CV) como Organizaciones Terroristas Globales Especialmente Designadas (SDGT).
Sin embargo, la respuesta del mandatario izquierdista Luiz Inácio Lula da Silva no se hizo esperar, saliendo a "llorar" la medida a través de un comunicado donde afirmó que "Brasil es una nación soberana" y que la clasificación de terrorismo debe reservarse para acciones por "razones ideológicas, políticas y religiosas", intentando desligar al narcoterrorismo de dicha categoría.

Esta decisión, considerada una de las medidas más contundentes de Washington contra el crimen sudamericano, fue comunicada por el secretario de Estado, Marco Rubio, quien confirmó que la incorporación formal a la lista de Organizaciones Terroristas Extranjeras (FTO) entrará en vigor el próximo 5 de junio. Según el Departamento de Estado, estas estructuras representan una amenaza directa por sus vínculos con el narcotráfico, el lavado de dinero y el contrabando.
La administración de Donald Trump sostuvo que utilizará todas las herramientas para cortar el financiamiento de estos grupos que controlan a miles de integrantes y son responsables de ataques contra policías, funcionarios y civiles. Para la Casa Blanca, esto es parte de una estrategia para debilitar a las organizaciones que se benefician del tráfico de drogas, armas y personas. Lula da Silva calificó de "lamentable" que miembros de la familia Bolsonaro viajen a Estados Unidos para abogar por lo que él denomina "intervención extranjera", llegando a tildar de "traidores" y "falsos patriotas" a quienes buscan soluciones internacionales contra el crimen.

Por el contrario, el senador Flávio Bolsonaro reveló que él mismo instó encarecidamente a Donald Trump a tomar esta medida, diferenciándose del líder izquierdista: "Mientras Lula iba a implorarle a Trump que no los declarara terroristas, yo hice exactamente lo contrario". Esta sintonía entre Trump y los conservadores brasileños subraya el compromiso real contra el crimen que la dictadura de Lula intenta frenar bajo pretextos legales.









