Hungría enfrenta una crisis energética sin precedentes luego de que el primer ministro de izquierda Peter Magyar ordenara apagar la central nuclear de Paks, la única del país y responsable de cerca del 40% de la producción anual de electricidad.
La medida, adoptada a pocos meses de su llegada al poder, marca la primera vez en 44 años que la planta deja de operar completamente.
El anuncio fue realizado este domingo 2 de agosto de 2026, cuando el líder izquierdista comunicó que la decisión: "La producción de la central bajará a solamente 240 megavatios, y será completamente detenida mañana por primera vez en 44 años", añadió.
La central nuclear de Paks.
La planta de Paks, ubicada a unos 100 kilómetros al sur de Budapest, opera con cuatro reactores de tecnología de la era soviética.
Restricciones al consumo
En este contexto, el gobierno izquierdista avanzó con medidas que incluyen restricciones al consumo eléctrico. Magyar confirmó que su gabinete emitirá un decreto para solicitar a los grandes usuarios que reduzcan "voluntariamente" su demanda. "Los hogares serán los últimos en la cadena de restricciones”, aseguró el mandatario, quien también dispuso el apagado de luces no esenciales en edificios públicos y la promoción del teletrabajo durante la próxima semana.
Como consecuencia, se estima que la crisis podría implicar un costo de entre 300 y 600 millones de euros, debido al incremento en el precio de la electricidad importada y a la caída en distintos procesos productivos.
Entre las primeras medidas concretas, se anunció que a partir del lunes se suspenderán los servicios de carga ferroviaria entre las 15:00 y las 20:00 horas, con el objetivo de reducir la demanda energética en los momentos de mayor consumo.
Peter Magyar.
El apagado de centrales nucleares en Europa responde a agendas políticas "ecologistas" e ideologías antinucleares impulsadas por partidos de izquierda a lo largo de las últimas décadas.
En el caso de Alemania, el apagón de sus últimas plantas nucleares se realizó en abril de 2023, impulsado históricamente por la presión de los partidos izquierdistas.
La pérdida de la energía nuclear, una electricidad base, limpia y constante, provocó que las economías europeas sufran una mayor vulnerabilidad, aumentos de precios por la menor generación eléctrica y crisis, junto con un colapso del sistema energético durante las temporadas de mayor demanda.
Además, ante la intermitencia de las fuentes renovables y la falta de capacidad, el hueco dejado por las plantas nucleares obligó a recurrir temporalmente o a mantener abiertas las centrales de carbón y gas natural, destruyendo los supuestos objetivos "ambientalistas" de los impulsores de la agenda anti-nuclear.