Senegal aprobó una ley que endurece las penas contra las relaciones entre personas del mismo sexo volvió a encender el debate internacional sobre derechos individuales y el papel de la religión islámica en la vida pública.
La medida, respaldada por una amplia mayoría parlamentaria, eleva las condenas a entre cinco y diez años de prisión, e incorpora sanciones contra quienes promuevan o defiendan la diversidad sexual.

Lejos de representar un avance, la reforma es vista en gran parte de Occidente como un retroceso en materia de libertades civiles. Mientras países de Europa y América han avanzado en la protección de derechos para las minorías sexuales, Senegal y otras naciones islamicas parecen consolidar un enfoque restrictivo que limita la esfera privada de sus ciudadanos y sus libertades.
EL peso de las tradiciones religiosas islamicas sigue siendo un factor determinante en este tipo de decisiones. En Senegal, donde la religión ocupa un lugar central en la vida social y política, sectores conservadores han influido fuertemente en la redacción y aprobación de la ley.
Esta situación reabre una discusión más amplia sobre la lucha moral entre occidente y Oriente por el conflicto de derechos individuales reconocidos internacionalmente.









