La escalada de violencia en Yemen y sus repercusiones sobre la seguridad del Golfo Pérsico reavivaron las críticas contra el régimen iraní, señalado por respaldar militar y financieramente a los rebeldes hutíes yemeníes. La canciller de Yemen, Afrah Al-Zouba, advirtió este sábado que proteger el estratégico estrecho de Bab el Mandeb y garantizar la navegación internacional requiere enfrentar directamente el origen de la amenaza: detener el suministro de armas y poner fin al apoyo de Teherán a la milicia chiita, a la que calificó de organización terrorista.
La ministra formuló estas declaraciones durante el Diálogo de Manama, la conferencia anual de seguridad regional organizada por el Instituto Internacional de Estudios Estratégicos (IISS) en Bahréin, que comenzó el 30 de octubre y concluye este domingo.
Posteriormente, resumió su posición en una publicación en X, en la que insistió en la necesidad de hacer cumplir el embargo de armas, respaldar a las instituciones legítimas de Yemen y frenar la influencia iraní sobre los grupos armados que desestabilizan la región.

Al-Zouba sostuvo que no puede existir una seguridad regional duradera mientras Yemen permanezca fragmentado y bajo la amenaza de organizaciones respaldadas desde el exterior. En ese sentido, reclamó restablecer la autoridad estatal en todo el territorio y garantizar que las decisiones sobre la guerra y la paz, así como el control de las armas, permanezcan exclusivamente en manos de las instituciones nacionales legítimas.
La canciller también denunció el prolongado asedio de Taiz, ciudad del sur del país, al que describió como un ''crimen de guerra''. Exigió una intervención internacional para levantar el cerco y reabrir permanentemente las rutas de acceso, que mantienen aislada a parte de la población civil.















