La campaña de propaganda orquestada por el yihadismo en contra de Israel y los judíos, lanzada el mismo día del ataque terrorista de Hamás del 7/10/23, ha servido de base al wokismo, un fiel aliado del islamismo radical, para implementar un proselitismo persuasivo y vergonzoso contra todo aquello que la extrema izquierda odia
En esta oportunidad les ha tocado a los argentinos sumarse al listado de víctimas inesperadas de los personeros del caos. Tomando provecho del espectáculo del fútbol la agresión se ha centrado en parte en la figura de Lionel Messi, persona cuya conducta suele ser mesurada y humilde, cualidades que los esbirros del nuevo comunismo woke aborrecen, puesto que el “don de gente”, la urbanidad o la inteligencia social no son virtudes que ellos suelen poner en práctica.
Según los mensajes lanzados al ciberespacio los argentinos serían racistas, han exterminado a la población afrodescendiente, juegan sucio; se los acusa de ser un país "nazi", "colonial", "sionista" y "genocida". Messi pasó de ser genio a canalla. Se invierte la verdad, se acusa a los argentinos de todo lo opuesto a la realidad de su idiosincrasia pluralista y abierta.
El parlamentario europeo Jonathan Sacks dijo: "El odio que empieza con los judíos nunca termina en los judíos”. La agresión en redes sociales contra los argentinos es una prueba más de ello; y cunden los ejemplos históricos: los nazis fueron contra los judíos, pero también esclavizaron polacos, franceses y rusos, exterminaron homosexuales y gitanos. La inquisición fue contra los “herejes”, pero también quemaron en la hoguera a supuestas brujas, homosexuales, discapacitados, adversarios y rebeldes.
Las redes sociales infestadas por trolls, hackers y sistemas electrónicos de movilización digital repiten incansablemente slogans de influencia. El cerebro humano absorbe los efectos de una “verdad ilusoria”: cuanto más veces vemos una afirmación, más familiar nos resulta. Esa familiaridad incita a que la percibamos como más creíble, incluso si no hay pruebas que la respalden.









