Termina el período escolar y en cada escuela los niños concurren con entusiasmo al acto de fin de curso, donde padres y abuelos se deleitarán observando a sus pequeños actuar, cantar y divertirse.
Me ha tocado en suerte este año, presenciar algunos eventos donde los niños participaron en obras de teatro o musicales impregnados de wokismo. He visto actuaciones sobre revueltas antiimperialistas y un presentador drag queen animando una audiencia infantil de 6 años en un teatro.
El apogeo del adoctrinamiento de menores ha sido publicado en diferentes medios pocos días atrás: En una escuela pública de Madrid, un grupo de niños uniformados, con réplicas de armas y encapuchados como terroristas de Hamás, realizaban su perfomance sobre la “liberación de palestina”.
En algunas escuelas públicas de Barcelona se puede encontrar carteles alusivos a un apoyo hacia la lucha yihadista, mayormente disfrazados como solidaridad o apego emocional. Anuncios donde se utiliza el amigable dibujo de la sandía, llaman a detener un inexistente genocidio. También hubo en Septiembre pasado, un día dedicado a ello en algunos establecimientos educativos catalanes, convocado por entidades sindicales.









