En México se ha consolidado una nueva religión política: el culto al Estado como único agente del bien. Esta fe no se articula en templos ni con sotanas, sino desde la academia, los escritorios fiscales y las redes sociales. Sus sacerdotes son burócratas moralistas y economistas militantes que ven al ciudadano autónomo como una amenaza.
Tres frases bastan para ilustrar este delirio:
1. Viri Ríos, 23 de octubre de 2024:
“Uber está mintiendo, pero si fuera cierto que su negocio solo sobrevive por tener 250 mil personas trabajando para ellos sin seguro social, pues sí, que se vaya.”
2. Viri Ríos, 21 de octubre de 2021:
Los donadores “saludan con sombrero ajeno”. Al deducir impuestos, roban al Estado la potestad de decidir el destino de ese dinero.
3. Margarita Ríos-Farjat, 5 de abril de 2019 (como jefa del SAT):
“El impuesto a pagar no es dinero nuestro, es dinero de la nación.”












