El gobierno de Guadalajara ha decidido innovar en materia de recaudación fiscal con una medida digna de la época colonial: si no barres la banqueta frente a tu casa, te multan. Así, la alcaldesa Verónica Delgadillo convierte lo que es una función constitucional del municipio en una obligación del ciudadano, con el elegante detalle de que, si no cumples, te cae el garrote.
Que no se nos olvide: la limpia es un servicio público municipal según el artículo 115 de la Constitución. Es decir, los ayuntamientos deben encargarse de mantener en buen estado las calles y banquetas. Pero en México, donde la cultura del encaje está más arraigada que el mole en los manteles de las fondas, el gobierno encontró una forma brillante de hacerte pagar dos veces: primero, te cobra el predial (porque resulta que ser dueño de algo amerita tributo eterno), luego se apropia de las banquetas sin compensar a los fraccionadores, y para rematar, te obliga a limpiar la vía pública que ahora es de su propiedad. Un genio de las finanzas públicas no lo habría planeado mejor.
Esto no es nuevo, es simplemente la lógica gubernamental mexicana llevada a su última consecuencia. Es lo mismo que pasa con la salud pública: el IMSS te quita dinero cada mes para brindarte un servicio que, en la práctica, es tan deficiente que acabas pagando consulta privada. Lo mismo con la justicia: te obligan a resolver disputas en arbitrajes privados porque los tribunales no sirven. Y ahora, con las banquetas, el mensaje es claro: el Estado es un lastre ineficiente, pero jamás renunciará al derecho de vaciarte los bolsillos.








